Colombia volvió a poner sobre la mesa la aspersión contra cultivos ilícitos con glufosinato de amonio, un herbicida diseñado para eliminar malezas al contacto y cuyo uso en esa tarea no cuenta con estudios suficientes sobre sus efectos en la salud y el ambiente.
Riesgos y dudas sobre su eficacia

Gabriel Tobón Quintero, profesor del Departamento de Desarrollo Rural de la Universidad Javeriana, señaló que el producto no llega a la raíz de la planta y que podría requerir varias aplicaciones para afectar arbustos como la hoja de coca. A su juicio, el rebrote puede ocurrir con rapidez.
Camilo González Posso, presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, sostuvo en su análisis que el glufosinato puede representar riesgos para la salud y la biodiversidad, con posibles efectos que van desde quemaduras químicas en piel y ojos hasta intoxicaciones graves y afectaciones en el sistema reproductivo.
También advirtió que el herbicida puede resultar extremadamente tóxico para peces, plantas marinas y polinizadores, además de acelerar la erosión del suelo. Tobón agregó que aguas superficiales, subterráneas y suelos pueden verse afectados si entran en contacto con la sustancia.

El antecedente del glifosato
La discusión revive el historial de casi 30 años de fumigaciones con glifosato en Colombia, un herbicida que la Organización Mundial de la Salud ha considerado como probable carcinogénico para la salud humana. En 2020, la Universidad de Córdoba entregó una evaluación de riesgos sobre la aspersión aérea con glifosato en Meta, Vichada y Guaviare.
González Posso indicó además que la aspersión aérea, terrestre o con drones plantea una alta complejidad técnica, porque las condiciones de viento y movimiento pueden dispersar el herbicida hacia otras zonas.


