En un templo budista del siglo VIII en Corea del Sur, un retiro de solteros convirtió la búsqueda de pareja en una respuesta simbólica a la baja natalidad: 30 horas de actividades, citas y nervios con la meta de formar familias.
Claves
- —El retiro se celebró en el templo Donghwasa, enclavado en el monte Palgongsan.
- —Duró 30 horas y reunió a personas que aspiraban a casarse y tener hijos.
- —Más de 1.580 candidatas compitieron por un cupo en la actividad.
- —Al cierre del encuentro se habían formado ocho parejas.

Un retiro de 30 horas para romper el hielo
La escena ocurre en Donghwasa, un templo budista del siglo VIII entre la vegetación del monte Palgongsan. Allí, un monje animó a una fila de jóvenes a cumplir una misión: encontrar pareja y, algún día, tener hijos.
El encuentro combinó presentaciones, almuerzos, citas rápidas, un concurso de talentos y hasta un discurso final de un monje anciano que recordó a los participantes su deber de procrear. Todo transcurrió en un ambiente de incomodidad inicial, risas contenidas y competencia abierta por llamar la atención.
El retiro estaba abierto a todo el mundo, sin importar la fe, y recibió a personas que superaron un proceso de selección que incluyó cuestionarios y vídeos de selfies. Según la organización, más de 1.580 candidatas aspiraron a participar.

La crisis demográfica que empuja estas iniciativas
La actividad se inscribe en una preocupación más amplia en Corea del Sur: la baja natalidad. En 2023, la tasa de fecundidad total cayó a 0,72, muy por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1.
Las autoridades han respondido con permisos parentales más largos, bonificaciones en efectivo por nacimiento y apartamentos subvencionados para recién casados. Alcaldías y asociaciones civiles, además, organizaron eventos de citas con respaldo del Estado, como el celebrado en el templo.

Pero los esfuerzos van más allá de las políticas públicas. En un país donde muchas personas se conocen en la escuela, en el trabajo o mediante el sogaeting, las citas a ciegas organizadas por amigos o familiares, los organizadores buscan abrir un espacio distinto para que se crucen caminos que, de otro modo, quizá nunca se encontrarían.
Ocho parejas y una salida con más confianza
Al final del retiro se formaron ocho parejas, incluidas dos entre integrantes del equipo organizador y participantes. No todos salieron con pareja, pero varios se llevaron amistades nuevas y la sensación de haber ganado seguridad.
Para una de las participantes, la experiencia fue como una pijamada divertida; para otro, la frustración no le cerró la puerta a volver a intentarlo. En un escenario marcado por el peso de la crisis demográfica, el templo terminó funcionando como un raro laboratorio social: menos solemne de lo esperado y, para algunos, más útil que cualquier app de citas.
