Con volantes en mano y recorriendo los escombros entre las zonas devastadas del estado La Guaira, Antonella Molina y su sobrino Pedro Molina mantienen una incansable búsqueda para dar con el paradero de Andrés Molina, de 18 años, de quien no se tiene rastro desde el pasado 24 de junio, fecha en la que ocurrieron dos terremotos consecutivos.
Semanas antes de esta jornada de rastreo, los familiares lograron rescatar los cuerpos de la madre y el hermano de Andrés de entre los restos de su edificio de apartamentos de diez pisos, el cual colapsó durante el desastre natural. El inmueble albergaba a más de treinta personas, pero el joven no fue encontrado ni se halló la mochila que solía llevar consigo.
Avistamientos y pistas sin confirmar
En las semanas posteriores a los sismos, diversos vecinos han asegurado haber visto a Andrés deambulando por la zona, recolectando chatarra y con signos de una posible lesión en la cabeza. Ante la falta de respuestas institucionales en hospitales, refugios y morgues, los familiares emprendieron una campaña propia mediante la distribución de volantes con su fotografía.
Las llamadas con posibles ubicaciones no han tardado en llegar, señalando haberlo visto en un campo de golf cercano, parques o restaurantes, a menudo intentando alimentar a gatos, su animal favorito. A pesar de los reportes y de que la policía indicó haberlo visto en las cercanías recolectando material de desecho, la familia aún no ha logrado concretar el reencuentro.
Búsqueda sin respaldo oficial
La labor diaria se desarrolla en medio de la frustración por la ausencia de un operativo oficial de localización. La familia ha denunciado la falta de colaboración estatal para dar con las personas desaparecidas, lo que los ha obligado a asumir el costo emocional y físico de la búsqueda de manera independiente.
La búsqueda también se ha visto atravesada por dinámicas familiares previas y por la distancia, como en el caso de Pedro, quien reside en el estado Anzoátegui y mantenía contacto reciente con su primo a través de mensajería instantánea antes del sismo. Pese al desgaste y al dolor acumulado tras cada jornada que concluye sin resultados positivos, sus allegados ratifican que continuarán recorriendo las calles hasta dar con su paradero.
