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China fija su agenda en Pekín mientras Trump cierra acuerdos comerciales

En Pekín, Xi Jinping no recibió a Donald Trump en el aeropuerto y reservó ese gesto para aliados de primer orden, como Vladímir Putin y Kim Jong-un. La…

China fija su agenda en Pekín mientras Trump cierra acuerdos comerciales

En Pekín, Xi Jinping no recibió a Donald Trump en el aeropuerto y reservó ese gesto para aliados de primer orden, como Vladímir Putin y Kim Jong-un. La ceremonia oficial de bienvenida estuvo diseñada para mostrar el peso de la China actual, mientras la visita del mandatario estadounidense, acompañado por una comitiva de grandes empresarios, dejó en evidencia el carácter comercial de su gira.

China marca límites y plantea reglas

Desde su primer mensaje, Xi Jinping insistió en que debe descartarse la llamada «trampa de Tucídides», teoría asociada con el uso de guerras preventivas para frenar a potencias emergentes. Frente a ese enfoque, el líder chino sostuvo que su país está preparado, si fuera necesario, en el plano económico, tecnológico y militar.

Como alternativa, propuso una competencia con reglas claras bajo el concepto de «estabilidad estratégica global», basada en el entendimiento mutuo, sin amenazas ni agresiones, y en el respeto a los intereses legítimos de cada nación. También dejó claro que Taiwán forma parte de China y que ese punto no está sujeto a negociación.

Trump se llevó acuerdos comerciales

En contraste, los resultados de Trump se limitaron a la firma de contratos comerciales para que China compre aviones estadounidenses y soja. El presidente de Estados Unidos presentó esos compromisos como un triunfo ante su audiencia interna y aseguró que había llevado una gran cantidad de dinero al país.

Sin embargo, en los temas geopolíticos de fondo no obtuvo concesiones. China mantuvo su respaldo a Irán, sostuvo su alianza estratégica con Rusia y reafirmó su compromiso con un orden internacional multipolar.

El proyecto chino y la tensión con Washington

La posición de Pekín también se apoya en medidas concretas. El país aprobó un nuevo plan quinquenal con la meta de gestionar el 70% de su aparato productivo y de su economía a través de la inteligencia artificial.

Además, Pekín suscribió un acuerdo por 15 años con Irán e Irak para estabilizar Medio Oriente mediante megaproyectos energéticos, nuevas rutas comerciales y mecanismos de defensa mutua. El pacto también apunta a reducir la dependencia del dólar y del sistema occidental de pagos y transferencias financieras.

Mientras China exhibe una hoja de ruta definida, Estados Unidos atraviesa una crisis de identidad y permanece dividido. La economía estadounidense carga con endeudamiento, inflación y recesión, al tiempo que la administración pierde respaldo popular y se distancia de sus aliados en Europa, Japón y Corea del Sur.

La crisis, aun sin ser terminal, aparece como prolongada. En ese contexto, los sectores de poder de Estados Unidos todavía no asimilan que en el siglo XXI el tablero internacional cambió y que la preeminencia estadounidense ya no está garantizada.

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