En Pekín, Xi Jinping no recibió a Donald Trump en el aeropuerto y reservó ese gesto para aliados de primer orden, como Vladímir Putin y Kim Jong-un. La ceremonia oficial de bienvenida estuvo diseñada para mostrar el peso de la China actual, mientras la visita del mandatario estadounidense, acompañado por una comitiva de grandes empresarios, dejó en evidencia el carácter comercial de su gira.
China marca límites y plantea reglas
Desde su primer mensaje, Xi Jinping insistió en que debe descartarse la llamada «trampa de Tucídides», teoría asociada con el uso de guerras preventivas para frenar a potencias emergentes. Frente a ese enfoque, el líder chino sostuvo que su país está preparado, si fuera necesario, en el plano económico, tecnológico y militar.
Como alternativa, propuso una competencia con reglas claras bajo el concepto de «estabilidad estratégica global», basada en el entendimiento mutuo, sin amenazas ni agresiones, y en el respeto a los intereses legítimos de cada nación. También dejó claro que Taiwán forma parte de China y que ese punto no está sujeto a negociación.
Trump se llevó acuerdos comerciales
En contraste, los resultados de Trump se limitaron a la firma de contratos comerciales para que China compre aviones estadounidenses y soja. El presidente de Estados Unidos presentó esos compromisos como un triunfo ante su audiencia interna y aseguró que había llevado una gran cantidad de dinero al país.
