Catalina Siles, licenciada en historia, magíster en Historia y doctora en Sociología de la Universidad Católica de Chile, defiende una agenda para enfrentar la caída de la natalidad en Chile. Desde marzo de este año asesora el gabinete de la ministra María Jesús Wulf en Desarrollo Social y trabaja en el plan «Chile Renace», orientado a impulsar políticas públicas que frenen el descenso de los nacimientos.
Una crisis que mezcla economía y cambio cultural
La propia Siles sitúa el problema en una combinación de factores. Habla de restricciones económicas, acceso cada vez más difícil a la vivienda, dificultades para conciliar familia y trabajo y escasas redes de apoyo para los cuidados. También menciona la postergación de decisiones familiares, tanto en el emparejamiento como en la llegada del primer hijo o de los siguientes.
En su diagnóstico, hay además un cambio cultural de fondo. Plantea que tener hijos dejó de ser un paso casi obligado de la vida adulta y pasó a competir con otros proyectos vitales, en especial para las mujeres. A su juicio, ese giro también ha debilitado el valor simbólico de la maternidad y la paternidad dentro de la organización social.
El Estado, la familia y el límite de las políticas públicas
Siles sostiene que el Estado tiene un papel, pero no puede imponer por decreto la valoración de tener hijos. Señala que hacen falta también las familias, las empresas y las instituciones educativas para que la crianza no se vea como un obstáculo laboral o personal.
En la entrevista dice que el apoyo público debe entenderse como corresponsabilidad social: los hijos no serían solo un bien privado, sino un bien social. También afirma que una visión como esa puede convivir con una lógica de subsidiariedad, es decir, con un Estado que no sustituya a la familia, sino que la respalde donde esté más debilitada.
Cuando se le pregunta por la figura de la familia tradicional, responde que en Chile esa forma de organización duró apenas algunas décadas y que no se trata de volver atrás. En cambio, propone mirar qué configuraciones familiares favorecen mejor el bienestar de niños y adultos, con vínculos sólidos y resiliencia frente a las dificultades.
Una agenda de largo plazo para frenar la caída
La entrevistada afirma que no hay ningún país que haya logrado volver a una fecundidad de reposición generacional, fijada en 2.1 hijos por mujer. Sin embargo, menciona que Francia y países nórdicos han frenado la caída y se ubican alrededor de 1.5.
Según Siles, la experiencia internacional muestra que no basta una medida aislada. Por eso sostiene que el plan en Chile debe actuar de manera sostenida sobre el costo de la crianza, la vivienda, los cuidados, la conciliación y la formación de parejas. También insiste en que el debate no debe quedar reducido a una disputa valórica: a su juicio, más niños y nuevas generaciones son un bien social que trasciende al gobierno de turno.
La socióloga además adelanta que su libro «Donde nace el mundo. Familia y natalidad en tiempos de desarraigo» se publicará en diciembre al alero del Instituto de Estudios de la Sociedad.





