Israel festeja su Día de la Independencia, en el que celebra además el 75 aniversario de la fundación del Estado. Sin embargo, este ambiente festivo se ve empañado por la polarización interna y la creciente violencia con los palestinos, lo que genera un clima de tensión en plenas celebraciones.
El Día de la Independencia conmemora el nacimiento de Israel como hogar del pueblo judío tras el Holocausto, ocurrido el 14 de mayo de 1948. No obstante, los palestinos lo identifican como la Nakba, un desastre que abrió el conflicto árabe-israelí que perdura hasta hoy.
El inicio de las celebraciones incluye un acto oficial en Jerusalén en el que se marca la transición del luto a la fiesta con el encendido de doce antorchas, seguido de marchas militares, actuaciones musicales, bailes y discursos, incluido uno del primer ministro Benjamín Netanyahu en un mensaje pregrabado.
Netanyahu destacó los «milagros» ocurridos en los últimos 75 años, como «resurgir de las cenizas del Holocausto hacia la resurrección», ganar guerras, absorber millones de inmigrantes y establecer una industria global y una economía libre, así como firmar acuerdos históricos de paz con diversos países.
