El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, exiliado en Madrid desde 2021 y Premio Cervantes 2017, afirmó que le gustaría regresar “a una Nicaragua libre” para dedicarse a la literatura. Aunque admitió que esa posibilidad hoy luce remota, sostuvo que el país vive bajo una dictadura “condenada a muerte”.
Una novela atravesada por la realidad nicaragüense
Ramírez, nacido en Masatepe en 1942, presentó La maldición de Ramfis (Alfaguara), obra con la que cierra la tetralogía protagonizada por el inspector Dolores Morales, un exiliado desencantado con la revolución sandinista. El autor explicó que no escribió la novela con la intención de denunciar la corrupción política, pero aseguró que la realidad termina imponiéndose y se cruza con la censura y la represión.
En la obra, dijo, se refleja la estructura de la novela negra latinoamericana, distinta de la europea, porque en América Latina la corrupción es tan profunda que la realidad adquiere rasgos de ficción. Según su visión, ese tipo de literatura parte de un contexto en el que la justicia no funciona como se presupone en otros escenarios.
Exilio, censura y silencio informativo
El escritor afirmó que unos 400 periodistas nicaragüenses están exiliados y que la información sobre Nicaragua se produce fuera del país y circula principalmente por redes sociales. Sostuvo que, sin esas plataformas, Nicaragua estaría sumida en un “pozo de silencio absoluto”.
También señaló que usa su condición de escritor para llamar la atención sobre lo que ocurre en su país, del que considera que ya se habla poco. En ese sentido, defendió que su deber como ciudadano es denunciar la represión, la falta de libertad de expresión, la existencia de presos políticos y el silencio en torno a su obra censurada.
“Asumo el coste de las decisiones que tomé”
Ramírez recordó su trayectoria política: en su juventud fue miembro del Frente Sandinista, luego ocupó la vicepresidencia en el primer mandato de Daniel Ortega y más tarde se convirtió en uno de los opositores más firmes del mismo régimen, que después lo declaró apátrida. Aseguró que esa experiencia forma parte de su bagaje personal y literario, porque conoce desde dentro el poder y los mecanismos del sistema.
“Me parece ocioso llorar por la leche derramada o plantearme cómo hubiera sido mi vida con otras decisiones. Asumo el coste de las que tomé, en el momento eran correctas”, afirmó.
Ese recorrido, agregó, también está reflejado en el inspector Morales, su alter ego, quien entra en la guerrilla siendo adolescente y luego vive el exilio en Costa Rica. Aunque envejece, lo describió como un personaje contemporáneo, vinculado a los hechos políticos de su tiempo.
La mirada sobre Nicaragua y la región
Consultado sobre la política de Donald Trump en América Latina, Ramírez consideró que si en Venezuela no se han podido garantizar elecciones democráticas pese a la fuerza organizada de María Corina Machado, difícilmente puede esperarse algo distinto en Nicaragua.
En su opinión, después de Venezuela Cuba volverá a ocupar espacio en la agenda informativa y más adelante Nicaragua también quedará a la vista como un foco político. Advirtió que el país, hoy poco recordado, necesariamente terminará por aparecer en el centro de la atención regional.
La situación de la Iglesia y el exilio religioso
Ramírez también se refirió a la situación de la Iglesia católica en Nicaragua, al señalar que alrededor de 400 sacerdotes nicaragüenses están exiliados, hay diócesis cerradas y en el país ya no quedan sacerdotes. Añadió que solo se permiten procesiones religiosas dentro del perímetro de las iglesias, lo que calificó como una fuerte represión religiosa.
Recordó además que el papa Francisco llegó a describir al gobierno nicaragüense como un “régimen guarano”, expresión argentina que significa torpe y burdo, y sostuvo que esa referencia llevó a Daniel Ortega a romper relaciones con el Vaticano. Aun así, considera que en el futuro también se hablará de la persecución contra la Iglesia en Nicaragua.
Su vínculo con España y su próximo libro
Recientemente elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar la vacante de Mario Vargas Llosa, Ramírez también habló del lenguaje usado en su nuevo libro, cargado de americanismos. Explicó que es la lengua que conoce y con la que escribe desde siempre, pese a los años que lleva viviendo en España.
Finalmente, reveló que su próximo proyecto serán unas memorias infantiles que llevará por título Retrato de familia con volcán. El nombre, dijo, responde a los recuerdos de su pueblo natal, donde el volcán parecía custodiarlo todo, tan cerca que daba la impresión de estar en el patio de la casa. Ramírez insistió en que le gustaría volver a caminar por ese lugar, aunque por ahora solo lo hace en sueños.
Sobre el futuro político de Nicaragua, concluyó que la historia a veces avanza por atajos y que todas las dictaduras terminan cayendo, aunque nadie puede anticipar cuándo ocurrirá.