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El electoralismo y sus efectos en la vida institucional

La reflexión cuestiona cómo la lógica electoral puede abrir disputas, manipulación y choques de poder dentro de las instituciones, incluida la universidad autónoma.

Primer plano de una persona colocando un voto en una urna, resaltando la participación electoral.

Hay momentos que se recuerdan por las victorias, pero también por la vergüenza. En ese contraste, el electoralismo aparece como una dinámica capaz de tensar a instituciones y organizaciones que orientan su rumbo a partir de procesos políticos y electorales, como ocurre en la academia universitaria sustentada en su autonomía.

Cuando la contienda se impone sobre la institución

Con el paso de los días que fija la ley electoral, candidatos y seguidores de distintas facciones empiezan a apostar por propuestas engañosas para alcanzar cargos y escaños dentro de la estructura formal de la organización. En ese escenario surgen dilemas, disputas y complicaciones que se expanden por todas partes.

El problema, visto desde ese ángulo, no está solo en la competencia, sino en la manera en que el poder se disfraza de participación. La realidad política-electoral, sobre todo cuando se apoya en mecanismos de manipulación, deja al descubierto intereses que se negocian dentro del proceso y que suelen apartarse de la normativa correspondiente.

Publicidad, poder y controversia

La diferencia entre lo que promete la publicidad y lo que ocurre en la práctica termina marcando el conflicto. Cuando los actores políticos o candidatos presumen del poder que les otorgan la ocasión y la exposición pública, buscan imponer su nivel de participación y ejercer una injerencia desvirtuada sobre el electorado potencial.

Mientras más aparente sea la institucionalidad que proyecta la publicidad, mayor puede ser su efecto de dominación sobre la población votante. Esa técnica, asociada al marketing político, se convierte en un recurso de poder y manipulación con el que las facciones buscan imponer sus criterios sobre la entidad responsable de organizar el proceso electoral.

De allí que el choque termine produciendo reacciones y controversias en dos planos: el normativo-organizacional, desde arriba, y el político-electoral, desde abajo. En esa tensión se resume la pregunta que sostiene esta reflexión: electoralismo, ¿más problemas que soluciones?

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