Los republicanos apuraron el domingo un último esfuerzo para evitar una derrota amplia en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, en una jornada marcada por el intento de los demócratas de arrebatarles el Congreso y poner un primer freno político a Donald Trump.

Las encuestas dan a los demócratas una ventaja casi asegurada para recuperar la Cámara de Representantes, aunque el Senado sigue siendo el gran punto de incertidumbre. Aun así, el resultado no parece cerrado: tras una década en la que Trump ha desafiado todas las previsiones, los demócratas siguen midiendo cada escenario con cautela.

Trump encabezó la ofensiva final

Trump se puso al frente de la campaña republicana con mítines en Iowa y Kansas, dos estados donde su partido suele partir con ventaja. Además, insistió en que los demócratas llevarían al país al comunismo y prometió pagos de 5.000 dólares a todos los ciudadanos si su partido gana.

El presidente afirmó el sábado por la noche, desde su club de golf en Florida, que se sentía bien y que el país nunca había estado mejor. Pero las encuestas dibujan otra escena: una de NBC News publicada el domingo mostró que 60% de los estadounidenses desaprueba su gestión.

La Cámara y el Senado concentran la pelea

Una Cámara controlada por los demócratas limitaría por primera vez con fuerza el margen de maniobra de Trump desde su regreso al poder en 2025. Ese escenario les daría el control del presupuesto y de comités con capacidad para investigar acusaciones de corrupción, los vínculos de Trump con Jeffrey Epstein y otros asuntos sensibles.

En el Senado, donde los republicanos tienen una ventaja estrecha, la batalla también sigue abierta. Aunque solo se renueva un tercio de los 100 escaños, el avance demócrata en estados tradicionalmente republicanos como Texas y Kansas ha alimentado la posibilidad de un cambio de mayoría.

Si eso ocurre, los demócratas podrían frenar nombramientos para los tribunales, incluida la Corte Suprema.

Gasto récord y temor por el conteo

Las campañas han movido alrededor de 11.000 millones de dólares en publicidad, buena parte aportada por grandes donantes. Entre ellos figura Elon Musk, cercano a Trump, quien ha donado casi quinientos millones de dólares para impulsar a los candidatos republicanos.

El tono también se ha endurecido con insultos y acusaciones, como las reiteradas afirmaciones de Trump de que el demócrata Abdul El-Sayed es un “yihadista”. A la vez, persiste el temor a que los republicanos rechacen una eventual derrota y repitan la crisis que siguió a las elecciones presidenciales de 2020.

La Casa Blanca volvió a alimentar la desconfianza al desmentir una explicación sobre el conteo de votos en distritos complejos. La cuenta oficial respondió: “No, no lo es”.