Obsesión podría parecer una película de terror sencilla, apoyada en el clásico recurso de un objeto maldito que desata violencia. Pero Curry Barker transforma esa premisa en una reflexión más oscura sobre el deseo, la crueldad y la necesidad de control.

Claves

  • Curry Barker también escribe el guion
  • Fue filmada con apenas 750 mil dólares
  • Bear es interpretado por Michael Johnston y Nikki por Inde Navarrette

El miedo que comienza por un anhelo cumplido

Bear, un empleado de segunda de una tienda de música, está profundamente enamorado de Nikki. La película presenta ese vínculo como una historia solitaria y trágica, en la que ella aparece llena de planes y aspiraciones, mientras él vive a su sombra.

Obsesión convierte un objeto maldito en una pesadilla sobre deseo y control

La puesta en escena evita caricaturizarlo, pero deja claro que Bear no ama a Nikki como persona, sino la idea que ha construido de ella: una mujer inalcanzable, perfecta y, por eso mismo, condenada a convertirse en el centro de su desgracia.

Cuando formula un deseo —que la trama presenta como un accidente inexplicable—, lo sobrenatural termina activando esa parte oscura que ya estaba allí. Desde ese momento, la historia deja de ser un relato de anhelo para convertirse en una pesadilla sobre posesión y obsesión.

Una transformación aterradora

Nikki deja pronto de ser una mujer encantadora y vivaz para verse poseída por lo que sea que convoca el objeto maldito que Bear manipuló. Barker construye esa intervención sobrenatural con pequeños desajustes, desde la manera en que habla hasta movimientos cada vez más retorcidos e inhumanos.

La película insiste en que Nikki está atrapada en su propio cuerpo, y con ello desplaza el horror hacia un terreno más incómodo: Bear comprende que ya no está frente a sus decisiones, sino frente a una situación en la que puede cruzar límites sin que nada lo detenga. Ahí la historia se vuelve más inquietante.

Obsesión convierte un objeto maldito en una pesadilla sobre deseo y control

Un terror más cínico, cruel y perverso

Obsesión forma parte de una nueva vertiente del terror que usa la subcultura incel para explorar un horror con tintes misóginos. Como La acompañante, Parpadea dos veces y No te preocupes, cariño, la película se adentra en el resentimiento masculino y en la soledad que puede derivar en odio visceral hacia las mujeres.

Barker, sin embargo, evita ser obvio. En lugar de subrayar su tesis, enlaza la masculinidad con la violencia de manera más sutil, mientras Bear intenta al principio sacar provecho de la situación, incluido el placer sexual, y termina enfrentándose al lado más siniestro de su propio deseo.

La película no es complaciente con su protagonista ni ofrece una redención fácil. Bear pasa de parecer un hombre sobrepasado por una situación inaudita a convertirse en algo peor: un abusador amparado en la magia, que nunca asume de verdad que ha transgredido los límites del consentimiento.

Ese es uno de los mayores logros de Obsesión: ser más densa que explícita, aprovechar al máximo unos recursos limitados y sostener su impacto en la atmósfera, en los espacios más tenebrosos de la violencia humana. Así, la cinta termina imponiéndose como un fenómeno de internet convertido en parte de la historia del cine de terror contemporáneo.