China protagoniza un escenario complejo en el sector energético al desplegar infraestructuras solares y eólicas a una escala sin precedentes mientras continúa dependiendo de los combustibles fósiles para garantizar su suministro eléctrico. Este desajuste revela las tensiones técnicas que enfrenta el mayor mercado energético del planeta en su camino hacia la transición ecológica.

Un despliegue histórico de energía limpia

Durante el último lustro, la nación asiática ha acelerado sus inversiones en tecnologías sostenibles. Según datos difundidos por la Agencia Internacional de la Energía, el país alcanzó en 2024 sus metas de capacidad eólica y solar previstas para 2030, acumulando 1.840 GW gracias a una inversión de 625.000 millones de dólares que representó el 31% del total mundial.

55,8% del consumo total de carbón del planeta concentrado por China en 2025

Además de liderar la generación limpia, la industria nacional domina la fabricación global de componentes tecnológicos y el mercado del vehículo eléctrico, donde acapara el 75% de la producción y el 60% de las ventas globales, de acuerdo con RTVE.

El persistente peso de los combustibles fósiles

A pesar de las cifras favorables en capacidad verde, el país sigue siendo el mayor consumidor de carbón del mundo. En 2025, el territorio concentró un 55,8% de la demanda global de este recurso. Lejos de frenar esta tendencia, el sector ha puesto en marcha 30 GW adicionales este año y mantiene 274 GW más en proyecto.

La causa principal de esta dependencia radica en la intermitencia de las fuentes solares y eólicas. El rápido crecimiento de la generación renovable ha superado la capacidad de transporte y almacenamiento de las redes eléctricas, generando excedentes que terminan desperdiciándose. Ante los desajustes entre la producción intermitente y la demanda real, las centrales térmicas operan como un sistema de respaldo flexible para asegurar la estabilidad del suministro.