El 28 de agosto, Joinn Laboratories, la mayor empresa china de ensayos preclínicos de seguridad, presentó sus cuentas del primer semestre y reportó una ganancia de 747,5 millones de yuanes, por encima de los 703,8 millones que había facturado. La diferencia se explicó, en buena medida, por 795 millones de yuanes de revalorización de sus “activos biológicos”, es decir, monos.

Los precios suben y las cuentas lo reflejan

En términos contables, el salto tiene lógica: si los monos se encarecen en el mercado, su valor puede registrarse aunque no se venda ninguno. El problema de fondo es que ese mercado se ha tensionado con rapidez. Distintas referencias públicas sitúan el precio en 75.000 yuanes en mayo de 2025, luego en 131.000 en marzo de 2026 y más tarde en 188.000 por macaco en agosto. Según esas mismas fuentes, hoy se estaría pidiendo más de 200.000 yuanes por ejemplar.

La escalada también aparece en otra estimación citada por analistas de Zheshang Securities, que calculan un déficit de entre 15.000 y 20.000 monos al año hasta 2028.

Por qué la industria depende de ellos

Buena parte de la industria farmacéutica china trabaja en fármacos biológicos, como los anticuerpos monoclonales, que necesitan modelos biológicos muy cercanos a las dianas humanas. Para muchas de esas pruebas, los primates siguen siendo la opción más útil.

Un análisis de 39 anticuerpos de la Academia China de Ciencias mostró que el 82% interactuaba con macacos cangrejeros, frente al 7% que lo hacía con ratones y ninguno con ratas normales. Por su parte, la hoja de ruta de la FDA, la agencia de alimentos y medicamentos de Estados Unidos, calcula que el desarrollo de cada biológico requiere en torno a 150 monos.

El ritmo de cría también pesa. Según un estudio publicado en PMC, desde que nace una hembra fértil de macaco cangrejero hasta que sus crías pueden entrar en un ensayo preclínico pasan aproximadamente siete años.

China pierde margen como proveedor

Hasta 2016, China facilitaba el 65,5% de los monos que se importaban en Estados Unidos. Después, con el freno impuesto por la pandemia, el hueco pasó a ser cubierto por Camboya y luego Mauricio, según el análisis citado. En paralelo, la FDA ha propuesto rebajar los requisitos de investigación en primates.

El resultado es un mercado más estrecho y caro, con menos oferta disponible y una demanda que no deja de crecer para sostener la investigación biomédica.

La cuenta final, por ahora, sigue abierta.