Paolo Ardoino advirtió el 4 de julio que el fuerte gasto de las grandes tecnológicas en inteligencia artificial podría estar apoyado en una economía débil, en medio de crecientes temores sobre una posible burbuja en el sector.

En una publicación en X, el CEO de Tether señaló que la carrera por la infraestructura de IA arrastra cuatro grandes “desajustes estructurales”: distancia entre costos e ingresos, entre inversión y retorno, entre tiempos de recuperación y vida útil del hardware, y entre la competencia y la capacidad de fijar precios.

La presión está en los ingresos y los costos

Ardoino sostuvo que las empresas están cobrando demasiado poco por el cómputo de IA frente al costo real de ofrecerlo. Según su planteamiento, muchos servicios parecen baratos porque se subsidia su uso para atraer clientes.

Ese esquema puede inflar la percepción de crecimiento, pero también deja abierta una duda central: si luego suben los precios, el gasto de los usuarios podría caer; si los mantienen bajos, los márgenes seguirán bajo presión.

El dirigente también alertó que los chips de IA pueden quedar obsoletos en 3 a 5 años, mientras que la deuda y el capital que financian esta infraestructura suelen tener plazos de recuperación mucho más largos.

Más competencia y más dudas sobre el retorno

La mejora acelerada de los modelos de código abierto podría debilitar el poder de fijar precios de los proveedores comerciales. Si las alternativas gratis o más baratas son suficientemente buenas, los clientes pueden resistirse a pagar más.

Ardoino ubica su advertencia dentro de un debate más amplio que ya llegó a los mercados. Informes apuntaron que fondos de cobertura chinos calificaron a las acciones globales de IA como una “superburbuja”, mientras otro gestor dijo que ya podía haber un posible detonante para una corrección.

El Banco de Inglaterra también advirtió en octubre de 2025 que las valoraciones ligadas a la IA se habían acercado a niveles vistos durante la burbuja puntocom.

El debate ya salpica a las grandes tecnológicas

Según las proyecciones citadas en el texto, el gasto global relacionado con IA podría llegar a 5.5 billones de dólares para 2030, mientras que Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft podrían gastar hasta 720 mil millones de dólares este año.

La inquietud de fondo es si la IA podrá generar ingresos suficientes para justificar semejante desembolso. Si los precios, las ganancias, la vida útil del hardware y la competencia no encajan, el mercado podría estar subestimando lo difícil que será convertir esa demanda en beneficios duraderos.