AFP
Generación «snowflake» (‘copo de nieve’): la de quienes se hicieron adultos en los años 2010 y son percibidos como menos resistentes y más susceptibles de sentirse agraviados que las generaciones precedentes. Tal es la definición que figura en el diccionario inglés Collins para este término peyorativo, empleado en Estados Unidos por los conservadores y partidarios de Donald Trump con el propósito de mofarse de sus adversarios de izquierda, descritos como quejicas alérgicos a la libertad de expresión. «Copos de nieve», tan sensibles y frágiles que se disolverían cuando escuchan el más mínimo discurso antagónico.
En la gran conferencia anual de los conservadores estadounidenses, la CPAC, que se desarrolla esta semana cerca de Washington, estudiantes provenientes de los cuatro rincones del país participan de talleres en los que aprenden a expresar sus puntos de vista en una época en la que, según ellos, impera lo «políticamente correcto». «Ser conservador en un campus es igual a ser gay en otros tiempos», explica Max Ortengren, de 23 años, vicepresidente de los republicanos de la Universidad Florida Gulf Coast. «Se tiene miedo de asumirse como tal». Esta guerra cultural ha parido un nuevo vocabulario. Estudiantes que pertenecen a minorías étnicas o sexuales han reclamado durante los últimos años «espacios protegidos» («safe spaces») en los campus, donde las palabras intolerantes estén prohibidas. Otros reclaman que se hagan advertencias («trigger warnings») cuando las ideas expresadas en un curso o en una obra de teatro puedan herir algunas sensibilidades.
Los defensores conservadores de la libertad de expresión asimilan estas precauciones a un rechazo a debatir y a una tentativa de acallar las opiniones minoritarias entre los estudiantes. Max explica que esperó dos semanas antes de promover en su escuela un evento organizado con el lobby de las armas de fuegos, por temor a que estudiantes de izquierda lo bloquearan. Chloe, de 21 años, aún se encuentra estupefacta por la invasión de un puñado de estudiantes para denunciar el racismo de Donald Trump durante una conferencia del provocador gay y conservador Milo Yiannopoulos en un campus de Chicago el año pasado. Los manifestantes ocuparon el escenario y obligaron a los organizadores a suspender el encuentro. «Esto se ha descontrolado», se lamenta. «¡Para nosotros, la CPAC es un espacio protegido!». En una de las salas del centro de convenciones, Casey Mattox anima un taller titulado «Comprender los derechos en un campus». «Mi trabajo consiste en demandar a vuestra universidad ante la justicia», anuncia. Su organización, la Alianza de Defensa de la Libertad, se especializa en el derecho a la libertad de expresión y asociación de los estudiantes cristianos, republicanos, defensores de la tenencia de armas, y se ocupa de los reglamentos internos de las instituciones educativas que eventualmente violen esos derechos. «Los izquierdistas que dominan la mayoría de los campus saborean la ventaja que tienen sobre los estudiantes y abusan de su poder para adoctrinarlos en la ideología socialista», afirma ante los cerca de cuarenta estudiantes que asisten a su exposición.
