Inky, un pulpo que vivía en el Acuario Nacional de Nueva Zelanda, ubicado en la ciudad de Napier, se escapó sin que se dieran cuenta sus cuidadores y volvió al mar.
El pulpo pudo recuperar su libertad gracias a que el tanque en el que estaba confinado había quedado semiabierto después de unos trabajos de mantenimiento.
Inky («manchado de tinta», en inglés) aprovechó el descuido y se deslizó por una rendija.
Una vez fuera, avanzó un trecho de unos tres o cuatro metros hasta una tubería de drenaje de unos 15 centímetros de diámetro y unos 50 metros de largo.
