La Navidad arrancó el 1 de noviembre por decisión de Delcy Rodríguez, pero en Caracas el ambiente festivo todavía no termina de prender. En varios puntos de la capital, los adornos, las gaitas y las vitrinas con mercancía decembrina conviven con una ciudad concentrada en sobrevivir el día a día.
El recorrido por zonas comerciales y plazas muestra una misma escena: hay decoración, pero no desborde; hay música, pero no euforia. Para muchos caraqueños, el problema no es la falta de ornamentos sino la falta de presupuesto para celebrar.
Catia y La Hoyada no sienten la temporada

En Catia, una de las zonas comerciales populares de la capital, la actividad transcurre con normalidad. La gente camina con bolsas de comida y los comerciantes prefieren no hablar. Apenas se ven algunos detalles navideños entre la mercancía de temporada.
Bianca Castellano, de 46 años de edad, dijo que todavía no siente la Navidad. “Por tantas situaciones que han pasado estamos tristes. Todavía no se siente el ánimo como en otros años”, afirmó mientras observaba pijamas infantiles de renos y Santa Claus.
La misma tónica se repite en La Hoyada, donde los negocios ponen gaitas a todo volumen para intentar animar el paso de los transeúntes. Marlenis Ropero, de 51 años, vendedora de ropa íntima en el Gran Mercado de Productores Unidos Más que Vencedores, resumió el momento con una frase seca: “Para gastar no hay. La economía está floja”.

En ese punto, no había compradores mirando mercancía ni preguntando precios, pese al repique del furruco y a la oferta de artículos propios de la temporada.
Decoración oficial, ánimo tibio
En la Plaza La Juventud, en Bellas Artes, cuadrillas municipales trabajaban en la instalación de una feria navideña y de decoraciones. El esfuerzo institucional buscaba llevar el decreto a los espacios públicos, aunque sin cambiar del todo el pulso de la calle.

Nora Gutiérrez, de 46 años, describió estos días como una mezcla de sentimientos por los familiares que están lejos y por los planes que no se cumplieron. “Todos sabemos que la situación del país no es la mejor, pero, como siempre he dicho, confiando en Dios, eso también es algo que destaca entre los venezolanos”, dijo.
Rosana Quintero, de 50 años, sí se declaró entusiasmada con la temporada. Comentó que comenzó a adornar su casa antes del 1 de noviembre y sostuvo que la celebración sigue viva dentro de muchos hogares, aunque fuera el entorno se vea distinto. Aun así, reconoció que la compra de comida y de todo lo necesario para la mesa decembrina sigue siendo el principal obstáculo.
Más hacia el este, en Chacao y Altamira, el ritmo tampoco se aparta demasiado de la rutina. Alexander Campos, docente de 51 años, dijo que el ánimo festivo tiene que ponerlo cada familia porque el ambiente no acompaña. Reconoció además que el panorama social y económico está muy decaído y que su meta sigue siendo asegurar el plato navideño en casa.
Al final, el decreto no basta para cambiar lo que se siente en la calle: la Navidad empieza de verdad cuando el bolsillo lo permite.





