Ciudad

Orlando Castejón, el científico imparable

Un escritorio con  libros de medicina junto una planta de bonsái en perfecto estado. El doctor sentado,  vestido con su clásica bata blanca, sus cabellos canos y bien peinados, con unos anteojos para verte bien y de frente, como comprobándote que es transparente contigo, aparte de tener un aspecto de pulcritud que denota la rectitud propia de un profesional.

    Así es Orlando Castejón, un científico que ha dedicado su vida a la neurociencia, rama de la medicina que lo ha hecho acreedor de múltiples reconocimientos en todo el mundo, esto por mencionar algo de él, porque detrás de esa imagen llena de éxitos, hay un sinfín de historias de superación, esfuerzo y cambios.

    Muchos dicen que un currículum vitae no define a las personas, pues  alegan que son solo fragmentos de su vida que no garantizan la calidad laboral y personal. Sin embargo, no entraremos en esta discusión, pero en lo que sí estamos todos claros es que dentro de esa hojita están solo aquellos fragmentos  de nuestras vidas que queremos mostrar,  tal como si dibujáramos un “storyboard” de lo mejor de nosotros.

    Si solo tomáramos el currículo de Orlando Castejón pareciera que estuviésemos viendo la vida de tres personas en una, porque intimida la magnitud de experiencias laborales que tiene. Entonces, si creemos que este está solo lleno de fragmentos, ¿cómo será conocer más allá de lo que leemos?

    Oriundo de la tierra de las Turas, Mapararí, un pueblito ubicado en la sierra falconiana, no obstante, Castejón se siente tanto falconiano como zuliano de nacimiento por la relación que tuvieron estos estados en la época guzmancista. 

    “Mi raíces”, le dice Castejón a Mapararí, Churuguara, Agua Larga, Purureche y demás lugares donde tiene familia este falconiano (gentilicio correspondiente también al estado desaparecido “Falcón Zulia” de los Estados de Unidos de Venezuela (1881-1890).

    Era apenas un niño cuando Orlando, hijo mayor de once hermanos, salió de Mapararí a los ocho años junto a su familia. “Mi madre era costurera y mi padre zapatero y con eso nos sacaron adelante”, indica Castejón con orgullo, pues este último no deseaba que sus hijos “cargaran un puñal en la cintura”, como era lo habitual de aquellos hombres de esos lares, sino que fuesen unos profesionales. Así pues, decidieron irse a Maracaibo, capital de Zulia.

    Con sus ojos deslumbrados ante los cientos de automóviles que transitaban la avenida Bella Vista, Orlando recuerda lo sorprendido que quedó cuando se bajó del ferri, que permitía atravesar el Lago desde la costa oriental hasta la occidental, y observó esa escena tan particular en aquel entonces, pues él solo había visto busetas que permitían el transporte entre su estado y otros lugares. Lo demás era algo completamente nuevo.

    Su formación académica primaria se la debe a diferentes instituciones, como la Escuela Federal número 59 (Mapararí) y la Escuela Francisco de Miranda (Maracaibo). 

    A mitad de los años 50 se graduó como bachiller en ciencias biológicas en el Liceo Baralt para luego iniciar su carrera de médico cirujano en la Universidad del Zulia (LUZ). Y aunque leerlo sea fácil, Castejón admite que trabajar y estudiar en la pobreza no es nada sencillo. “Tenía tres trabajos mientras realizaba mis estudios universitarios (dos relacionados con  carrera y el otro como contador de billetes en la Lotería del Zulia), así logré aportar dinero a mi familia y finalizar mis estudios en LUZ”.

    Admirador del español Santiago Ramón y Cajal, ganador del Nobel de Medicina en 1906, y del zuliano Humberto Fernández-Morán, inventor del bisturí de diamante, hizo hincapié en que quizá fue un desafío estudiar durante su juventud, pero ahora lo ve aún más difícil, pues vivió en una época cuando el país gozaba de una estabilidad económica y el título de “Venezuela saudita” estaba en su apogeo.      

Orlando Castejón, el científico imparable

 

 

    “El Estado no apoya a la ciencia y a la tecnología y esto significa una proeza para los jóvenes de hoy día que quieren estudiar, porque no hay voluntad política”, pues el científico sostiene que “la crisis más grande del país está en sus recursos humanos”. Para él, esta es la mejor fórmula para superar cualquier dificultad económica y social.

    Castejón es un hombre imparable y dice que dedicará su vida a la ciencia hasta su último respiro, como él mismo dice, y subraya que “en mi vida no cabe la palabra ‘jubilarme’, que significa, retirarme”. Esto, casi imposible de una persona que desde pequeño siempre quiso ser científico y su mamá le cosía batas de doctor para que jugara.

    De esta manera, con su título de médico cirujano, realizó un postgrado en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y obtiene una beca para estudiar una especialización en biología celular en la Universidad de California en EE UU.

    Su carrera da pasos agigantados cuando sigue sus estudios en el Instituto de Fisiopatología en Liubliana, Eslovenia; luego, en  la Universidad de París, Francia; cursos en la Universidad Autónoma de México; la Universidad de Wisconsin, Madison (EE UU); Universidad de Iowa, Iowa (EE UU), entre otros.

    Paralelamente, ha ejercido cargos en su querida Universidad del Zulia, como profesor y fundador de cátedras e instituciones (aparte de pertenecer a la Comisión Organizadora de la Facultad de Ciencias), entre otros cargos propios de su especialización. Considera que LUZ ha sido una casa formadora de profesionales de alto rango y que siempre le agradecerá las facilidades que le ha dado. 

    Conoce la universidad y defiende el hecho de que los profesores, estudiantes y representantes tengan la oportunidad de escoger a sus dirigentes, pues, desde su punto de vista, así se sabrá a quienes se quieren como los líderes de la universidad.

    Dentro y fuera de su casa de estudios ha logrado altos cargos como ser director del Instituto de (actualmente); presidente de la Comisión de Biología y Salud del Ministerio de Ciencia y Tecnología; ser agregado científico de la Misión Permanente de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas; representante ante los organismos internacionales con sede en Ginebra, Suiza; dos veces vicepresidente de la Federación Iberoamericana de Biología Celular y Molecular; fue presidente de la sociedad de Latinoamericana de Microscopía Electrónica; miembro principal en representación de LUZ ante la Unesco; y ministro del Ambiente de Recursos Naturales Renovables en el gobierno de Jaime Lusinchi, por mencionar algunos cargos.

    “Tengo más de 150 trabajos de investigación que se encuentran disponibles dentro de los portales de investigación muy importantes, como el alemán Research Gate”, explica el mapararirense. También puede consultarse en plataformas como The World Biographical (Carolina, EE UU) y su biografía puede verse en Who’s who, Cambridge, Inglaterra. Sus comunicaciones a congresos científicos (nacionales e internacionales) superan los 250. Es miembro de más de 25 sociedades científicas internacionales. Diversos premios y distinciones locales, nacionales e internacionales lo han catapultado como uno de los científicos más brillantes de la región y orgullo de Venezuela.

    Orlando Castejón no se detiene, los números no son importantes para él, salvo cuando está investigando, es decir, trabajando. Una palabra familiar para él, porque cree que todo es posible y solo se necesita esfuerzo, disciplina y amor al trabajo. Ante el panorama actual, él, optimista, asegura con su voz pausada y baja: “Ahora no tenemos presente, pero sí futuro”.

    —¿Qué le hace falta, doctor Castejón?, pregunté esperando su última respuesta con expectativa.

    —Me interesa estudiar la mente, la de los esquizofrénicos, los epilépticos, los maniacos, los autistas, ver cómo trabaja su sistema nervioso en diferentes situaciones. También quiero comprobar la relación que existe entre las plaquetas y las neuronas, estoy enfocado en eso. Luego, iré investigando otras cosas. La mente hay que mantenerla ocupada, así jamás se desgasta… ¡Ah!, también me enfocaré en el estudio de circuitos cerebrales, que tienen relación con la teología.

    Le pregunté qué con cuál palabra de definía y con voz sincera me dijo: “Humilde”. Alcancé a decirle: “E imparable”.

    Él solo sonrío pensativo.

    Orlando Castejón es parte de la Fundación Castejón, que ayuda a personas de escasos recursos que no pueden tratarse casos relacionados con patologías mentales y en su pueblo abrió hace algunos años una biblioteca.

    Se puede ser exitoso y humilde, como dice él: “Todo se puede lograr”.

Síguenos

Comentarios

Inicia sesión para unirte a la conversación.

Cargando comentarios…

Más en Ciudad