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La cafeína no aporta energía: así actúa realmente en el cerebro

Para muchas personas, el primer café del día parece marcar el inicio real de la jornada. Sin embargo, la cafeína no añade energía al organismo: lo que…

Para muchas personas, el primer café del día parece marcar el inicio real de la jornada. Sin embargo, la cafeína no añade energía al organismo: lo que hace es bloquear las señales de cansancio en el cerebro y dar la sensación de mayor alerta durante un tiempo limitado.

La adenosina, la molécula detrás del cansancio

El efecto del café se entiende mejor al mirar el papel de la adenosina, una sustancia que se va acumulando a medida que avanza el día y el cerebro consume energía. Cuando alcanza ciertos niveles, actúa como una señal interna que indica que es momento de dormir.

La cafeína interviene en ese proceso porque tiene una estructura química muy parecida a la de la adenosina. Esa similitud le permite unirse a los mismos receptores en el cerebro y ocupar su lugar, impidiendo que la adenosina ejerza su efecto habitual.

Bloquea el cansancio, pero no crea energía nueva

Por eso, la cafeína no funciona como un generador de energía, sino como un bloqueador temporal de las señales que producen somnolencia. En la práctica, actúa como un normalizador cognitivo que retrasa la percepción del cansancio y aplaza la sensación de deuda de sueño.

Mientras la cafeína permanece activa, la adenosina sigue acumulándose en el cerebro. Aunque no se sienta de inmediato, su presencia aumenta durante el día. Cuando el efecto de la cafeína desaparece y deja libres los receptores, toda esa adenosina acumulada puede actuar de golpe, lo que se traduce en un cansancio mucho más intenso.

¿Hay que esperar para tomar el café al despertar?

En los últimos años se ha extendido la idea de que conviene esperar entre 60 y 90 minutos después de levantarse para tomar café. Esa recomendación se basa en la idea de dejar pasar el pico natural de cortisol de la mañana y permitir que los receptores de adenosina se “limpien”, con la expectativa de evitar el bajón de la tarde.

Sin embargo, todavía faltan ensayos clínicos sólidos que demuestren que retrasar el consumo del café mejore los niveles de energía o la calidad del sueño. Además, el aumento matutino de cortisol forma parte de un proceso natural y saludable, y en quienes toman café de manera habitual no se observa una alteración anormal de ese ciclo hormonal por la hora de ingesta.

Posibles beneficios del consumo moderado

Más allá de su efecto inmediato sobre la alerta, investigaciones recientes han relacionado el consumo de más de dos tazas de café al día con un menor riesgo de deterioro cognitivo frente a quienes no lo consumen.

También se ha observado que beber entre tres y cinco tazas de café antes del mediodía se asocia con una reducción del 16% en la mortalidad por cualquier causa y con una disminución del 31% en el riesgo cardiovascular.

En conjunto, el café no aporta energía extra al cerebro, pero sí puede modificar de forma temporal la forma en que se percibe el cansancio. Su efecto depende de cómo actúa sobre la adenosina y de la respuesta individual de cada persona.

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