Mario Abel Amaya murió el 19 de octubre de 1976, a las 22:20, en el hospital de la cárcel porteña de Villa Devoto, según el Servicio Penitenciario. La versión oficial habló de una afección cardíaca y de su cuadro de asma, pero omitió las torturas y el calvario que, de acuerdo con el relato difundido, sufrió desde su secuestro junto a Hipólito Solari Yrigoyen, en la madrugada del 17 de agosto.

Su velorio reunió a colegas de la docencia y el Derecho, vecinos y familiares. Desde el féretro que llegó en vuelo al aeroparque metropolitano, Raúl Alfonsín pronunció un discurso que convirtió la despedida en una acusación política: recordó a Amaya como un militante valiente, sencillo y solidario, y reclamó que algún día una calle llevara su nombre.

A 50 años del crimen de Amaya, la memoria radical en Trelew

De Dolavon a la militancia radical

Amaya, conocido como El Petiso o Abel, nació en Dolavon y se inició en la militancia a los 16 años, durante la campaña de Ricardo Balbín y Arturo Frondizi en 1951. Cuatro años más tarde se trasladó a Córdoba para estudiar, en plena efervescencia del reformismo universitario.

En 1964 retomó sus estudios en Tucumán y se graduó allí. Luego volvió al sur y desarrolló una intensa labor como docente y abogado penalista, con especial dedicación a la defensa de presos políticos y gremiales durante los años dictatoriales posteriores al gobierno de Arturo Illia.

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El Trelewazo y la prisión en Devoto

En mayo de 1972, ya reorganizado el radicalismo, Solari Yrigoyen y Amaya encabezaron la boleta chubutense de la renovación y superaron el 70 por ciento de los votos. Más tarde, la fuga del Penal de Rawson y la masacre de agosto de ese año marcaron su destino: Amaya estaba en el aeropuerto de Trelew cuando los guerrilleros fueron a abordar un vuelo de Austral.

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Días después fue sacado de un bar céntrico de Rawson y llevado al penal de Villa Devoto. Su detención provocó una pueblada que pasó a la historia como el Trelewazo, con más de seis mil vecinos movilizados por su liberación. A pesar de estar preso, fue designado para encabezar la lista de precandidatos de la renovación, quedó liberado por la presión social, volvió a Chubut en una caravana y luego juró en el Congreso el 25 de mayo de 1973.

Ya en Buenos Aires, retomó la docencia en la Facultad de Derecho de la UBA junto a Sergio Karakachoff, hasta que la misión Ivanissevich los desplazó de las aulas. También denunció en el Congreso las tareas de policías vinculados con la Triple A y acusó a esa organización de al menos ochenta asesinatos, en un contexto de creciente violencia política.

Tras el golpe de marzo de 1976, una red de dirigentes radicales lo protegió, pero decidió regresar a su casa materna en Trelew. Cincuenta años después, el nombre de Amaya quedó asociado a barrios, plazoletas, calles, escuelas y comités partidarios que recuerdan a un abogado que, aun detenido, siguió siendo un símbolo de resistencia política.