Aniversario

El género salsa, aquí en el especial por los 101 años de PANORAMA

Decía Billo Frómeta que la salsa no era tal, que era solo un son. “Bien tocao’, bien afinao”, pero son al fin. La animadversión del músico dominicano por el género que conquistó Caracas tenía una base sólida: la salsa rompió en el país la hegemonía rítmica bailable que impusieron la Billo’s Caracas Boys y Los Melódicos. 

Hija, efectivamente, del son y de la charanga, “con nuevos arreglos pero que pasaban, básicamente, por un son (donde canta solo el solista) y un montuno (donde alterna con los coros)”, como explica en su Libro de la Salsa, César Miguel Rondón, la salsa se expandió desde Nueva York al Caribe a partir de 1966, aproximadamente. 

En Caracas, Federico y su Combo Latino, con el disco Llegó la Salsa, de ese año, fue la primera agrupación en autodenominarse salsera. Y uno de los primeros en utilizar el nombre para designar esa manera de hacer música.  

“Aquí la salsa comenzó con Luis Alfonzo Larraín, con Billo, con Chucho Sanoja”, explica Oscar D’León, el más prolífico de los salseros venezolanos. Así refrenda la tesis billera, porque si bien las orquestas criollas tocaban sones, ninguna se atrevió a denominarse salsera. 

Billo’s Caracas Boys. Salsa 1978.   Oscar D’ León y la Dimensión Latina: Llorarás.   Orquesta Los satélites. Equivocada (1973).   Porfi Baloa y sus Adolescentes. Hoy aprendí  

En 1972, de la cervecería La Distinción, en Caracas, sale un grupo que se hizo notar por sus coreografías, sus arreglos y su forma de encarar la salsa. La Dimensión Latina, compuesta por siete músicos, se volvió furor en 1975. 

Eran, no solo música, sino todo un show, “una espectacularidad en escena jamás cultivada por las bandas de Nueva York (…) apareció como una orquesta deslumbrante. No solo las vestimentas eran un motivo para llamar la atención, sino la misma coreografía de la orquesta que ilustraba, con los movimientos de los intérpretes, todas las fases de la música”, definió Rondón. 

Con el disco de ese año (Dimensión Latina 75) construyeron su  propio mito tejido con los acordes de   “Llorarás y llorarás/ sin nadie que te consuele”, en la voz de Oscar D’León.

Esa sintonía entre la gente y la letra de la salsa encontró eco en Caracas, por ejemplo, con aquel Parampampán, de Luciano Pozo. “De los negros de Caracas yo soy el negro más guapetón/ yo soy el más cumbanchero que se pasea por el malecón”. Ese retrato estuvo cerca de la gente que veía que, de paso, quien cantaba era un moreno oscuro, bajista,  bailarín y, de paso, de Antímano, del oeste —pobre— de la ciudad. 

La furia económica criolla había hecho su tributo a la salsa. El nombre fue usado, por primera vez, en la capital venezolana. Phidias Danilo Escalona, en su programa La hora del sabor, la salsa y el bembé, reproducía en Radiodifusora Venezuela, las tendencias que llegaban en los discos, producidos, la gran mayoría, en Nueva York, pero que se reflejaron, como en un espejo, en las cada vez más crecientes barriadas caraqueñas, similares en su cotidianidad de miseria a las de Nueva York y a las de San Juan. 

Fue una ofrenda que continuó. En 1974 la Fania All Stars inundó de salsa el Nuevo Circo de Caracas. Y no sería la única vez. Perucho Torcat, vocalista nacido en Carúpano, compuso El Todopoderoso y Vamo’ a reír un poco, registradas para lo eterno por La Voz, Héctor Lavoe.  “Esta risa no es de loco / se están riendo de mí”, vocalizaba el llamado “Cantante de los Cantantes”. 

“Federico y su Combo tuvo éxito pero no llenaba al público.  El Sexteto Juventud  porque apuntaban mucho a la descarga, y eso no le gusta al bailador. Por eso se hace exitosa la Dimensión”, agrega Oscar desde México en una pausa de sus giras.

El investigador zuliano Sammy Portillo, considera que los grupos pioneros de la salsa en el país “no trascendieron de la capital. Ni Federico y su combo, ni Los Dementes, ni Los Satélites, ni el Sexteto Juventud. La Dimensión hace una salsa más ‘gallega’ y por eso pega. Pero seguían la influencia musical de Mon Rivera, Eddie Palmieri y Willie Colón con la preeminencia de los trombones en los metales”, asegura.

Aun sobreviven en Caracas locales que reciben la visita de bailadores nostálgicos que aprecian una buena descarga de cueros. Los Adolescentes, de la mano de Porfi Baloa, se han mantenido en escena. “Ya no se hace casi salsa en Venezuela”, asegura Portillo, casi con nostalgia de aquellos tiempos del boom de los que solo queda la supervivencia.

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