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Jesús Lezama, el fanático “mayor” de los Leones de Caracas

Foto: Armando Aristiguieta

Llega ayudado con un bastón. Los pocos presentes lo esperan, saben que no fallaría a su cita predilecta desde hace 71 años. “Espérelo por las sillas azules, él siempre llega temprano”, refiere uno de los encargados de la seguridad del estadio de béisbol de la Universidad Central de Venezuela, casa de los Leones del Caracas y de los Tiburones de la Guaira.

 En efecto, poco después de las cinco de la tarde, con suficiente tiempo de antelación al partido, ingresa por la entrada principal de las tribunas Jesús Alejandro Lezama, mejor conocido como “Chivita Lezama” o el “Fanático número 1” de los Leones del Caracas.   Todos los presentes lo conocen, no hay seguidor del equipo caraqueño, o mejor dicho del béisbol nacional, al que le sea indiferente su figura. Su pasión le ha valido un digno puesto en la historia del deporte más seguido por los venezolanos. Es un aficionado furibundo, que apoya de manera incondicional a su novena, en las buenas y en las malas, como los buenos matrimonios. 

Asegura que al terminar la participación de los felinos en la liga venezolana se acaba el béisbol para él. Sería imposible que animara a otros equipos, asegura. No le queda de otra que esperar el próximo octubre hasta que comience una nueva temporada.

“Cuando lo eliminan —afortunadamente ha sido muy pocas veces— no voy a ningún equipo. No soy como los magallaneros que son capaces de ser japoneses si viene un equipo de Japón a jugar en contra de los Leones o si viene un equipo ruso entonces son rusos”, dice con absoluta franqueza y tranquilidad. Como buen caraquista las referencias hacia los Navegantes del Magallanes nunca están demás y salen en varias oportunidades durante la entrevista, no en vano son los eternos rivales. 

Lezama tiene 96 años, 71 de ellos los ha dedicado a acompañar al equipo.  

Con 96 años, Lezama se ha paseado por todos los estadios del país e incluso  los Estados Unidos, México, República Dominica y Panamá. Siempre dispuesto a aplaudir la menor acción que haga a su equipo ganador. Ya son más de siete décadas de incondicional entrega, con o sin corneta.

Desde la década del 80 este gesto es retribuido por la directiva del equipo caraqueño, permitiéndole viajar con el conjunto y dándole viáticos para cubrir la estadía cuando se encuentran de gira, ya sea por autobús o por avión, de “fly o de rolling”, como él mismo dice. De inmediato afirma: “jamás he cobrado un sueldo, sencillamente el béisbol es mi pasión, mi vida”. 

Llega ataviado con el uniforme de los Leones del Caracas, en cuya camiseta está inscrita la edad del fanático, cifra que es cambiada año a año. Los saludos de aficionados y empleados del estadio están a la orden del día. 

En este momento uno de sus 13 hijos lo acompaña por temor a que tenga un accidente camino a su cita. De inmediato le ofrece un cafecito negro mientras espera el inicio de la nueva jornada. En esta ocasión los Leones son homeclub y recibirán en su cueva a los campeones de la liga, los Caribes de Oriente. Se promete un buen encuentro. 

Lezama no acepta que lo identifiquen como el “fanático número 1”, considera que hay seguidores más fieles y, en consecuencia, no es justo que se les califique de dos. Sin embargo, no muchos mantienen la rutina que sí cumple a carta cabal “Chivita Lezama”, desde el estadio de San Agustín, primero, y desde la UCV, después.    Su pasión nació gracias a los “héroes del 41”, cuando la representación nacional ganó en La Habana, Cuba, la IV Serie Mundial de Béisbol Amateur, el 22 de octubre. Lezama fue en contrasentido, ya que lo normal en la Caracas de los 40 era seguir a los equipos de fútbol San Ignacio, Unión, Dos Caminos. Fue el primero en su familia en ligar un hit o un home run y no un gol.

No tolera seguir un juego desde la comodidad de su casa, al frente del televisor, comiendo chucherías, como lo pueden hacer la mayoría de los mortales aficionados. Para él esto implicaría la muerte. Nada como el estadio, su ruido, su olor, su cercanía con los peloteros y fanáticos, que, como él, disfrutan la pasión por la pelota.

“Mi familia dice que me enfermo cuando se acaba la temporada y es 100% verdad. Para mí el béisbol es una terapia. ¿Se imagina yo en mi casa viendo en el televisor un Caracas-Magallanes? Eso es lo peor que me puede pasar a mí. No veo juegos por televisión”, dice de manera directa. 

 

“Chivita Lezama” presenció los dos no hit no run de los Lugo, padre e hijo. 

Desde el año 42 comenzó su fidelidad con el Cervecería Caracas, pasión heredada a los Leones del Caracas. En el 44 ya visitaba los estadios del país. Recuerda que en esa época los hombres iban con “sombreros y empaltonados” al estadio, era un espacio reservado para el sexo masculino, se veían muy pocas mujeres. 

“Hoy en día vez mucha familia, mucha dama, mucho niño, los niños son una bendición. La cosa más grande es la sonrisa de los niños”, dice un abuelo y tatarabuelo, que es seguido por los pequeños de su casa desde el televisor con gran emoción.

Su pasión con el béisbol lo ha hecho gran conocedor de este deporte. A medida que avanza la conversación surgen nombres, historias de estadios, hechos en los que se aprecia la evolución de la pelota, momentos históricos que enaltecen la divisa que sigue, como el no hit no run contra el Magallanes, los dos no hit no run de los Lugo, tanto padre como hijo, las dos series del Caribe ganadas en México y en Maracay. 

A pesar de su pasión no considera al seguidor de los Leones personas creídas, sino “sinceras” y, enseguida, vuelve a enumerar los logros de la divisa capitalitana, para rematar diciendo: “El Magallanes tiene 110 años fundado y ha ganado 10 campeonatos”. Sin embargo, “Chivita Lezama” borró de su memoria la primera final jugada contra el equipo valenciano, que perdieron los felinos en siete juegos.

Como fanático aplaude los avances en torno al espectáculo, las mejoras a nivel de seguridad que han permitido que la familia en pleno disfrute de los partidos; sin embargo, lamenta la poca entrega del nuevo jugador con sus divisas y su afición. “El pelotero actual ama más a los verdes que a su equipo”.

No acepta que el jugador viva con fatiga extrema, llega a creer que en lugar de jugar pelota en los Estados Unidos carga cabillas. Situación que rechaza, al extremo de no ver partidos de grandes ligas. “A esos muchachitos los ves crecer, les das todo el apoyo y luego cuando están ganando no quieren jugar aquí.. Se dan el lujo de despreciar la mejor fanaticada del mundo. Están en el país y ni siquiera vienen al estadio”, afirma, mientras enumera la entrega de jugadores como Baudilio Díaz, Antonio Armas, Carrasquelito, Luis Aparicio, entre otros, la época dorada del béisbol, a su parecer. 

Mientras pasan las horas el estadio comienza a cobrar su brillo, ya el sonido está en su punto y los fanáticos ocupan sus puestos. Lezama se prepara para un nuevo encuentro, mientras despide entre risas a la periodista al señalarle que “huele a formol”, momentos después de conocer su afición beisbolística. 

No obstante, se considera democrático al reconocer que uno de sus 13 hijos también es magallanero y “furibundo”, mas no le queda de otra que sentarse del lado de Caracas cuando acompaña a su padre al recinto de la Universidad Central de Venezuela.

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