Lorena Laya se mudó a La Guaira para buscar a su padre, su madrastra y sus hermanos, luego de los dos terremotos que estremecieron a Venezuela el pasado 24 de junio.
Una rutina marcada por la vigilancia de los escombros
Durante las últimas tres semanas, su día transcurre junto a la excavadora oruga que remueve los restos durante la jornada, mientras por las noches duerme en casa de su abuelo paterno.
Solo vuelve a su casa en Caracas cuando necesita ropa limpia. “Estamos aquí desde que la máquina se enciende hasta que se apaga”, dijo la joven de 24 años, desde un rincón donde su teléfono recobra señal, lejos del ruido de las máquinas y bajo la sombra de un árbol.
Según contó, no se despega de la zona cuando la maquinaria está trabajando, porque en dos ocasiones ha ocurrido que, si no están atentos, puede llevarse los cuerpos.
