La carga rápida de vehículos eléctricos sigue siendo una preocupación para muchos compradores, pero un viaje reciente de más de 600 millas hasta Montreal dejó una impresión distinta: salvo un tropiezo menor, el recorrido fue fluido, sin filas y con estaciones funcionando bien.
Un trayecto largo con pocas complicaciones
Para el viaje se usó un Audi e-tron, con una autonomía de unas 220 millas por carga, en lugar de un Kia EV9 que estaba en reparación. Para planificar las paradas se recurrió a A Better Route Planner, una aplicación que calcula recargas según variables como el clima, las especificaciones del vehículo y el desgaste de la batería.
La primera parada fue en un cargador de Rivian cerca de Lebanon, en New Hampshire. Allí hubo seis cargadores de 300 kilovatios en funcionamiento, sin filas ni contratiempos, y el equipo aceptó la tarjeta de crédito sin necesidad de usar la aplicación. La sesión entregó más de 140 kilovatios, casi el máximo del e-tron.
Más tarde, ya cerca de Montreal, la única falla del trayecto ocurrió en una estación de Circuit Électrique: el lector de tarjetas no funcionó y hubo que cargar 20 dólares canadienses en la aplicación. Después de eso, la recarga se completó sin problemas.
Los datos muestran una red más amplia y más confiable
El contraste con 2023 es marcado. En julio de ese año, Estados Unidos tenía unas 32.000 estaciones de carga rápida de corriente continua, según la Joint Office of Energy and Transportation. Muchas estaban restringidas a conductores de Tesla, aunque luego la red se abrió de forma más amplia.
Hoy la disponibilidad es mayor y la confiabilidad también ha mejorado. Según el índice de confiabilidad de Paren, el indicador pasó de 85 a la mitad de los 90 puntos desde el año pasado, con más sesiones exitosas y menos tiempo de inactividad en las estaciones.
Las brechas todavía existen y algunos cargadores siguen fallando, pero la experiencia de carga rápida ya no luce como hace unos años: hay más opciones, más reparación de equipos y menos tiempo perdido esperando al carro.
En ese contexto, la conclusión es clara: la recarga de un EV sigue mejorando y, al menos en este viaje, dejó de sentirse como un obstáculo mayor.
