RJ Scaringe dejó una pista clara sobre el rumbo de Rivian: la compañía quiere ir mucho más allá de fabricar camionetas y todocaminos eléctricos, pero sin abandonar del todo ese negocio. En su visión, la empresa podría terminar la década como un proveedor de tecnología y no solo como una marca de vehículos.
Una estrategia que sale del molde automotor
Rivian ha avanzado hacia una integración mucho mayor de sus sistemas en los últimos años. Según lo expuesto por Scaringe, la empresa desarrolló sus propios modelos de IA para impulsar el asistente a bordo y trabaja en una pila de conducción automatizada de extremo a extremo para sus vehículos de pasajeros y para futuros robotaxis mediante una alianza con Uber.
La apuesta también incluye silicio propio: Rivian desarrolla un procesador de 5 nanómetros junto con Arm y TSMC. A eso se suma una empresa tecnológica conjunta de 5.800 millones de dólares con Volkswagen Group, centrada en arquitectura eléctrica y software.
Robots industriales y licencias para otras marcas
La expansión no se limita a los vehículos. Scaringe creó un programa interno de micromovilidad que luego dio pie a la startup Also. También fundó Mind Robotics, una empresa de robótica industrial de la que Rivian posee 31% y que ya cuenta al fabricante como posible cliente. En ese negocio, Scaringe anunció además la incorporación de Doug Field como presidente.




