El miércoles 24 de junio, a las 18:04 hora de Caracas, Venezuela sufrió dos terremotos casi consecutivos: primero un sismo de magnitud 7,2 con epicentro cerca de San Felipe, en Yaracuy, y 39 segundos después otro de 7,5. El saldo ya supera los 1.700 muertos y los 5.034 heridos, en lo que se describe como la peor catástrofe sísmica del país en más de dos siglos.
Un doblete sísmico que liberó energía en segundos
Víctor Ramos, investigador emérito del CONICET y profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, explicó que se trató de un doblete sísmico, un fenómeno poco frecuente pero conocido en geología.
Según su análisis, el primer sismo activó niveles más superficiales y dio paso al segundo, de magnitud 7,5, que liberó tres veces más energía que el anterior. El caso más parecido que mencionó fue el de Pakistán en 1997, con dos sismos de magnitud 7,0 y 6,8 separados por 19 segundos.
La profundidad también marcó la diferencia. El terremoto más fuerte ocurrió a solo 10 kilómetros bajo la superficie, una condición que aumenta la destrucción porque la energía no alcanza a disiparse antes de golpear el suelo habitable.
Ramos dijo que eso ayuda a explicar por qué más de 100 edificios colapsaron solo en La Guaira, la región costera al norte de Caracas y la más golpeada por la tragedia.
Las fallas de Boconó y San Sebastián estuvieron detrás del impacto
Para entender el origen de los temblores, Ramos señaló que Venezuela no está en el cinturón de fuego del Pacífico. Sin embargo, el movimiento de la placa Sudamericana hacia el norte y la placa del Caribe hacia el este genera una intensa fracturación dominada por fallas activas.
La falla protagonista fue la de Boconó, que se extiende unos 500 kilómetros desde la frontera con Colombia hasta el centro-norte del país. Su tasa de desplazamiento es de entre 5 y 8 centímetros por año, pero la fricción la mantiene trabada durante décadas hasta que la tensión acumulada supera el límite de ruptura y libera energía en forma de terremoto.
El geólogo sostuvo que el sismo parece haber comenzado en la parte norte de la falla de Boconó y luego se desplazó hacia la falla de San Sebastián, con una ruptura total de aproximadamente 160 a 170 kilómetros. Esa última falla, que corre paralela a la costa y pasa bajo el valle entre Caracas y el aeropuerto de Maiquetía, también fue activada.
El viaducto que cruza ese valle sufrió daños severos y dejó al aeropuerto desconectado de la capital durante los días críticos del rescate.
Ramos añadió que terremotos de esta escala en la falla de Boconó ocurren cada 150 o 200 años. Funvisis, la agencia estatal venezolana de monitoreo sísmico, registró más de 300 réplicas desde los sismos principales, y el geólogo advirtió que vendrán decenas más, superficiales y de menor magnitud, a lo largo de la falla de San Sebastián.
El especialista comparó la tragedia venezolana con los sismos de San Juan de 1944 y Caucete de 1977, para subrayar la diferencia que hace la construcción antisísmica. También recordó que cerca del 80% de la población venezolana vive en zonas de alta amenaza sísmica.