Familias enteras quedaron sepultadas bajo los escombros luego de los dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela el 24 de junio, y que dejaron a La Guaira entre las zonas más afectadas por los derrumbes de edificaciones.
Las ondas sísmicas y la cercanía a la zona de mayor energía
Aunque los epicentros estuvieron en Yaracuy —el primero cerca de San Felipe y el segundo cerca de Yumare—, la ruptura de la Tierra fue tan extensa que las ondas sísmicas llegaron hasta la costa de La Guaira, donde está la falla de San Sebastián, en el punto de fricción entre las placas tectónicas Sudamericana y del Caribe.
Según el presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, Feliciano de Santis, el desplazamiento de esas placas generó una liberación gigantesca de energía desde las profundidades de la Tierra, con un punto máximo frente a la costa norte venezolana, en la llamada “zona cero” de la catástrofe.
Suelo, resonancia y fallas en las construcciones
De Santis señaló que para que un edificio caiga puede haber más de 50 razones, pero entre las principales mencionó el impacto de las ondas de un doblete sísmico —que solo se había registrado en el país en 1812—, el tipo de suelo, la resonancia en las estructuras y las irregularidades en las construcciones.
El régimen chavista informó esta semana que más de 800 edificios resultaron dañados en todo el país, en su mayoría en La Guaira, mientras reportes independientes, como el del Instituto de Investigación de Sistemas Ambientales (ESRI, por sus siglas en inglés), elevan el daño a alrededor de 900. La Nasa estimó de forma preliminar que unas 59 mil edificaciones podrían haber sufrido daños en Venezuela, aunque se trata de una proyección referencial que no incluye verificaciones en el terreno.
