En La Guaira, los equipos forenses buscan identificar cadáveres mientras siguen aumentando las víctimas de los terremotos del 24 de junio. Las familias temen terminar en fosas comunes.
En La Guaira, al norte de Venezuela, familiares y equipos forenses enfrentan una carrera contrarreloj para identificar cuerpos tras los terremotos consecutivos del 24 de junio, mientras las muertes siguen en aumento y miles de personas continúan desaparecidas.
La búsqueda de un nombre antes de que sea tarde
Rosa López recordó que tuvo que caminar entre filas de cuerpos tendidos bajo el sol mientras ayudaba a su hija a buscar a su esposo desaparecido. La escena, dijo, fue tan dura que ni sus años como enfermera la habían preparado para ver decenas de muertos envueltos en sábanas o mantas.
“Veíamos que hay muchos cadáveres sin identificar aun”, comentó López.
Su yerno, José Antonio Toledo, de 25 años, fue hallado bajo el edificio donde trabajaba como guardia de seguridad cuando ocurrieron los sismos. Su cuerpo fue llevado a un hospital local, pero allí no había espacio; después lo trasladaron a otra instalación y, finalmente, a un estacionamiento al aire libre.
Un médico forense ayudó a la familia a ubicarlo días después, el sábado. Sin embargo, cuando lograron identificarlo, no podían pagar los 450 dólares que cobraba una funeraria.
Más tarde, casi a la medianoche, la alcaldía les ofreció un espacio gratuito en un cementerio local, aunque debían actuar rápido para no perderlo. Una hora después, López y su hija subieron una colina y enterraron a Toledo.
“Era una persona ejemplar, un niño que le gustaba ayudar a la gente”, expresó López.
La magnitud del colapso en el manejo de los cuerpos
El técnico forense Joel Mirabal, que ha trabajado siete días seguidos desde los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, explicó que en el 60%-70% de los casos encuentra un familiar o un vecino disponible para identificar el cuerpo. Aun así, dijo, el proceso sigue siendo una lucha y muchas veces se recurre a tatuajes, cicatrices o ropa conocida.
“No se parecen ni un 10% de lo que eran en vida”, señaló sobre las víctimas.
Cuando un cuerpo no puede ser identificado, pasa a especialistas forenses que trabajan en el puerto de La Guaira. Empresas privadas han donado contenedores refrigerados para ayudar a preservar los restos, pero Mirabal advirtió que el número de muertos sigue aumentando.
“Obviamente, habrá que crear fosas comunes”, afirmó. “El colapso es enorme, y los cuerpos están enterrados bajo muchas capas de escombros”.
Mirabal calculó que él y otros técnicos forenses podrían pasar hasta tres meses recogiendo cuerpos. Todos los días recorren las zonas afectadas guiados por equipos de rescate y civiles que han recuperado o avistado restos.
“Muchos de los rescates los hacen el pueblo”, explicó al referirse a los miles de venezolanos que se han sumado al esfuerzo de recuperación.
Adiestrador de perros de profesión, Mirabal dijo que encuentra consuelo en los 12 perros que lo esperan en casa, sin contar los cachorros. Una de sus favoritas es Mila, una joven pastora holandesa negra que se acostó a su lado el jueves mientras él descansaba.
“Aquí no es nada fácil ver el sufrimiento y la tragedia de tus congéneres”, manifestó.
En el reporte original de AP se detallan los esfuerzos de identificación y la situación de los cadáveres en La Guaira.