A 28 días del doble terremoto del 24 de junio, familiares de desaparecidos siguen apostados entre campamentos improvisados y ruinas en la urbanización Caribe y Caraballeda, en el estado La Guaira, a la espera de que avancen las labores de recuperación de cuerpos.

La jornada de búsqueda se mantiene entre toldos, carpas, calor y desgaste emocional. En varios de los edificios colapsados aún faltan por extraer decenas de víctimas, mientras rescatistas y voluntarios continúan removiendo escombros.

Caribe: una hermana por recuperar y ocho cuerpos pendientes

Janet Pérez Marcano instaló tres toldos a las afueras de lo que fue la residencia Rita Sol Palace, en la urbanización Caribe. Allí pernocta con parte de su familia en cinco carpas mientras espera noticias sobre los restos de su hermana, Ibelice Pérez de Pirela, de 64 años.

La mujer viajó desde Estados Unidos, donde reside, y no ha fijado fecha de regreso. Dice que no se moverá del sitio hasta que puedan darle cristiana sepultura a su hermana.

“Hasta hallarlos no nos vamos”, afirmó, al recordar que el edificio colapsó tras los dos terremotos, uno de 7,2 y otro de 7,5, ocurridos el 24 de junio.

Janet explicó que, hasta la tarde del miércoles 22 de julio, los rescatistas y voluntarios habían extraído 34 cuerpos sin vida de la estructura y que solo faltaban ocho por recuperar. En el lugar trabajan una brigada de rescatistas argentinos, funcionarios de Protección Civil Nacional y de las sedes de Mérida y Yaracuy, además de voluntarios independientes.

Bahía Mar y OPP25: campamentos que no se desmontan

Gloria Rey también permanece en un campamento improvisado, esta vez en la avenida Costanera de Caraballeda, a la espera de información sobre siete familiares y amigos atrapados en las residencias Bahía Mar.

Contó que, ante la falta de equipos pesados en las primeras semanas, su familia y amigos en el extranjero reunieron dinero para contratar una grúa tipo pluma. Hasta el momento, asegura, gastaron 20 mil dólares por seis días de trabajo.

La maquinaria fue traída de Valencia, en el estado Carabobo, y la familia sostiene que sin equipos pesados será difícil seguir removiendo las estructuras colapsadas. Gloria afirma que lleva en el campamento desde el 25 de junio, un día después de los terremotos.

Más al este, en el urbanismo de Misión Vivienda OPP25, en Tanaguarena, Kelly Oropeza espera por su hermana Gladis Oropeza, de 56 años, y por su sobrino Braulio Caruto Oropeza, de 22 años, junto con la esposa y el hijo de este último.

Kelly dice que bajo las ruinas siguen cuatro miembros de su entorno familiar. Pide que extraigan pronto los restos y reconoce que la experiencia ha sido devastadora para todos los que siguen de guardia frente al edificio colapsado.

La búsqueda sigue entre pérdidas y rescates familiares

José Yarbes, de 45 años, permanece cerca de los campos de golf de Caraballeda, junto al lugar donde estaba la torre B de la OPP33. Él decidió quedarse para acompañar las excavaciones y estar cerca de la zona donde vivía su familia.

Relató que encontró el cuerpo de su madre, Esmeralda Guzmán, de 60 años, y el de su sobrino Daniel González, de 22, el domingo 19 de julio. Ambos estaban abrazados bajo los escombros.

Aun después de hallarlos, José sigue en el sitio. Dice que todavía faltan por recuperar al menos 52 cuerpos y que, solo entre sus vecinos del primer piso, hay cerca de 14 personas cuyos cadáveres no han sido ubicados.

Mientras continúan las labores, los campamentos improvisados en Caribe y Caraballeda ya forman parte del paisaje de la zona. Entre la solidaridad de vecinos, el trabajo de brigadas y la ausencia de equipos suficientes, las familias insisten en no irse hasta recuperar a los suyos.