Las familias de las víctimas de los terremotos del 24 de junio en Venezuela recorren morgues, hospitales y refugios en Caracas y La Guaira para intentar reconocer a sus seres queridos entre cuerpos deteriorados por el paso de las horas bajo los escombros.
En la principal morgue del país, los allegados se apoyan en fotos, tatuajes, dientes y huellas para confirmar identidades mientras las autoridades y los equipos de atención forense aceleran los trámites.
La búsqueda entre cuerpos descompuestos y nombres incompletos
La familia Hernández ha revisado todos los álbumes de cadáveres armados desde el 24 de junio. Elide Hernández busca a una sobrina que murió junto con tres familiares y admite que no puede asegurarlo al salir del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses, en Caracas.
“Yo no puedo asegurar que sea mi sobrina”, dijo al abandonar la morgue. También ha visto cuerpos en La Guaira y en la capital, pero algunos ya fueron retirados por otras familias.
Yamileth Hernández, otra tía, pregunta por el tatuaje en la cintura de Eudis Cisneros, embarazada de siete meses y esposa de su sobrino César Flores. Ambos fallecieron en el edificio Oasis Beach de Catia La Mar. Los cuerpos, según relatan los familiares, están abombados, aplastados o incompletos, y casi todos presentan un avanzado estado de descomposición.
El Gobierno ha confirmado 1.943 fallecidos en su último reporte, emitido este martes, aunque los familiares temen que aún haya muchas personas bajo los escombros.

Una morgue desbordada y apoyos para acelerar los entierros
En la morgue principal se dispuso una larga hilera de sillas para quienes esperan identificar a sus parientes o retirar los cuerpos. También hay café, té y atención psicológica. Carros funerarios permanecen listos para entierro y cremación, y algunas empresas ofrecen esos servicios de forma gratuita.
El coordinador residente de Naciones Unidas en Venezuela, Gianluca Rampolla, informó que llevarán 10.000 bolsas negras para cadáveres para apoyar la emergencia. En paralelo, se han creado fondos entre compañías aseguradoras para cubrir gastos funerarios de las víctimas de lo que puede ser la mayor tragedia vivida en Venezuela en los últimos 20 años.
Algunos cuerpos han sido reconocidos por dactiloscopia y otros mediante evaluación antropológica de las dentaduras. Así identificó Esmeralda Gómez a sus tíos Seistres Yaguaranay, de 48 años, y Jacqueline Parra, de 41. Los dos trabajaban en la limpieza de un apartamento desocupado en el edificio Obelisco, en Altamira, Caracas, cuando ocurrió el doble sismo.
“Ayer se pudo hacer el reconocimiento por los dientes. Estaban muy descompuestos”, relató la sobrina en el reporte de Florantonia Singer. La familia encontró primero la cartera con los documentos de él y luego confirmó que ya no estaban desaparecidos. Cuatro hijos quedaron huérfanos.
En otro caso, Millán Hernández logró sacar con sus propias manos a sus dos sobrinas, de 16 y 5 años, y al padre de ambas. Estuvieron hasta la madrugada de este martes en la faena y tardaron más de 14 horas en extraer el último cadáver que trasladaron a Caracas, donde les aseguraron refrigeración.
La familia, llegada desde Maracay, montó carpas, llevó taladros inalámbricos, una antena Starlink y una planta eléctrica. “Montamos un comando”, contó el joven, que es funcionario policial. Desde allí también coordinaron ayuda para los demás afectados del edificio.

Millán recorrió más de 100 kilómetros en motocicleta para llegar a la zona del desastre en las primeras horas, aunque al principio fue a la dirección equivocada. Ahora espera, junto a sus familiares, los tres cadáveres de los suyos para regresar a Maracay.
En medio del caos, rescatistas estadounidenses ayudaron a terminar de armar un túnel en el centro del edificio desplomado para sacar a familiares de entre los restos. Mientras tanto, decenas de allegados siguen entre morgues y hospitales, tratando de poner nombre y rostro a los cuerpos que el terremoto dejó irreconocibles.
Identificar para poder cerrar el duelo
La urgencia de los parientes no se limita a encontrar un cuerpo. También buscan una certeza mínima para cerrar un duelo que se ha extendido desde el 24 de junio, entre escombros, listas improvisadas y números de identificación anotados a mano.
“Uno tiene que ver los suyos y los de los demás”, resumió Yusbely Hernández, visiblemente afectada por el proceso de reconocimiento. En esa búsqueda, la familia ya pasó por La Guaira, por dos hospitales que atienden heridos, por una morgue improvisada en el puerto y por Caracas.
En la OPP 33, un edificio del programa gubernamental Misión Vivienda, murieron algunos de sus parientes. Elide Hernández teme, además, que en algún momento deban recurrir a fosas comunes por el problema sanitario que empieza a generar la cantidad de cuerpos sin identificar.
Por ahora, la espera continúa entre llamadas, descripciones y esperanzas de que el próximo cuerpo que salga de la morgue sea, al fin, el de uno de los suyos.
