Los eventos de magnitud sísmica suelen abrir la puerta a mitos, falsas alarmas y mensajes sin respaldo en redes sociales. En medio de la urgencia por saber qué ocurre, muchas personas terminan validando contenidos que no provienen de fuentes institucionales ni de medios confiables.

La pausa antes de reenviar puede marcar la diferencia

La mejor defensa frente a la desinformación es detenerse y evaluar con criterio cada mensaje que circula. Cuando una cadena busca causar alarma extrema, conviene revisar si menciona nombres propios de autoridades, instituciones gubernamentales reconocidas o medios de comunicación confiables.

Si el contenido no ofrece esos elementos de validación, llega desde un remitente desconocido, presenta rasgos visuales alarmantes o aparenta haber sido creado por inteligencia artificial, lo más prudente es cortar el reenvío.

Los mensajes falsos también afectan la respuesta de rescate

El flujo de datos falsos, engañosos y dudosos perjudica el trabajo de las brigadas de rescate y desvía la atención de los verdaderos requerimientos de asistencia.

En escenarios de doble terremoto o de cualquier otra emergencia, la verificación de la información no solo ayuda a evitar el pánico: también protege la capacidad de respuesta de quienes atienden la tragedia.