Especialistas advierten que presenciar agresiones entre familiares también afecta a los menores y puede reflejarse en su conducta, salud y escuela.
La violencia doméstica puede dejar huellas profundas en la mente y el comportamiento de los niños, incluso cuando no son víctimas directas de agresión, alertó el psicólogo Jesús Febres.
El especialista explicó que, cuando un menor no tiene la madurez verbal, cognitiva o emocional para procesar un entorno violento, su cuerpo y su conducta terminan convirtiéndose en la forma de expresar el trauma.
“Cuando un niño no tiene el desarrollo verbal, la madurez cognitiva o la seguridad emocional para expresar el trauma, el cuerpo y la conducta se vuelven sus principales formas de comunicarse”, dijo.
Presenciar violencia también es maltrato
Febres aclaró que no hace falta sufrir violencia directa para verse afectado. Ver agresividad entre familiares también constituye un maltrato emocional y psicológico “difícil de recuperarse”.
Según explicó, el trauma puede manifestarse en cuatro áreas fundamentales: somatización, regresión en el desarrollo, indicadores conductuales y desempeño escolar.
La somatización incluye dolores de abdomen repetidos, dolores de cabeza, tensión muscular, dificultad para dormir como pesadillas y cambios en la forma de comer.
En la regresión del desarrollo pueden aparecer pérdida de logros ya alcanzados, como el control de esfínteres, enuresis o encopresis, además de retroceso en el lenguaje o conductas de apego inseguro, como ansiedad de separación severa.
Entre los indicadores conductuales mencionó irritabilidad repentina, explosiones de rabia, aislamiento social, sobresalto ante ruidos o gestos bruscos y juego repetitivo con temática agresiva.
La violencia no se hereda, pero puede repetirse
El psicólogo señaló también que la violencia no se transmite genéticamente. Aun así, advirtió que existe un riesgo real conocido como transmisión de la violencia entre generaciones.
“Existe un riesgo real que se conoce como transmisión de la violencia entre generaciones, pero no tiene porque significar que vayas a heredar esa violencia, ni que sea algo inevitable o ineludible”, consideró.
Febres sostuvo que la intervención temprana, el asesoramiento psicológico y el apoyo familiar pueden ayudar a cambiar esa conducta.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.