Solo el 28% de las personas con VIH y hepatitis B en Europa que cumplen criterios para vigilancia frente al cáncer de hígado recibe el seguimiento recomendado por las guías clínicas internacionales, según un estudio liderado por investigadores españoles y publicado en Clinical Infectious Diseases.
La brecha entre las guías y la práctica clínica
El trabajo analizó a 1.308 personas coinfectadas, con una mediana de edad de 55 años. Del total, el 85% eran hombres y el 87% mantenían una carga viral del VIH indetectable gracias al tratamiento antirretroviral.
Tras excluir a quienes tenían antecedentes de cáncer hepático, los investigadores comprobaron que 1.142 de los 1.294 participantes evaluables, es decir, el 88%, reunían criterios para entrar en programas de vigilancia del carcinoma hepatocelular según las recomendaciones de la Sociedad Europea de Ensayos Clínicos del Sida (EACS, por sus siglas en inglés). Aun así, solo una cuarta parte recibía ese control.
Cirrosis, riesgo y diagnóstico tardío
Los resultados variaron según el perfil clínico. Dos de cada tres personas con cirrosis participaban en programas de cribado adecuados, mientras que apenas el 24% de quienes no tenían cirrosis pero sí otros factores de riesgo reconocidos por las guías clínicas formaba parte de la vigilancia.
Juan Berenguer, coordinador del estudio, advirtió que la mayoría de las personas con VIH y hepatitis B atendidas actualmente en Europa cumple criterios para beneficiarse de este control, pero una parte importante no lo recibe. Según señaló, eso supone una oportunidad perdida para detectar precozmente una enfermedad cuyo pronóstico depende en gran medida del momento en que se diagnostica.
Una prioridad para el seguimiento médico
Los investigadores destacaron que la hepatitis B crónica sigue siendo la principal hepatitis viral en las personas con VIH en países con acceso universal al tratamiento frente al virus de la hepatitis C, como España. También recordaron que esta infección se asocia con cirrosis, descompensación hepática y cáncer hepático.
Por eso, llamaron a reforzar la identificación de los pacientes candidatos al cribado y a integrar estos programas en la atención habitual de las personas con VIH. Entre sus propuestas figuran sistemas de alerta automáticos en las historias clínicas electrónicas, una mayor coordinación entre infectología, hepatología y Atención Primaria, y estrategias específicas para pacientes sin cirrosis, donde el infradiagnóstico es mayor.
El estudio contó con la participación de expertos de GeSIDA, del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC) y de la Fundación SEIMC-GeSIDA.
