La calidad del sueño sigue siendo una preocupación central para la salud, ya que de ella depende nuestro estado de ánimo y los niveles de energía diarios. Sin embargo, el descanso no depende exclusivamente de las horas que pasamos en la cama, sino de una compleja interacción entre los ritmos circadianos, la exposición a la luz, los hábitos, el estrés y el funcionamiento del sistema nervioso autónomo. Para el Dr. Guillermo Recatero, especialista en Medicina del Sueño, entender esta dinámica es fundamental para descifrar por qué a muchas personas les resulta tan difícil desconectar al final del día.

La flexibilidad del sistema nervioso

El objetivo principal, según Recatero, no es forzar al organismo a un estado de sedación, sino recuperar la capacidad de transitar de la activación al descanso de manera flexible. En este proceso, el nervio vago actúa como una autopista de información entre el cerebro y el cuerpo, facilitando la regulación autonómica. Cuando este sistema funciona correctamente, el cuerpo puede abandonar el modo de alerta al concluir la jornada, permitiendo que el pulso disminuya, la respiración se calme y la tensión interna se disipe.

Estrategias para facilitar la transición al descanso

El especialista advierte que la dificultad para dormir a menudo surge cuando el organismo se comporta como si aún existiera una amenaza o una tarea pendiente. Para entrenar esta transición, Recatero propone una técnica sencilla de respiración: practicar durante cinco minutos, una o dos veces al día, una inhalación suave por la nariz durante cuatro segundos seguida de una exhalación de seis segundos.

Dormir bien debe entenderse como una función biológica esencial y no como un lujo o una pérdida de tiempo. Es durante este periodo cuando el organismo ejecuta procesos críticos de recuperación y regulación. Para mantenerse informado sobre temas de bienestar, puede añadirnos en Google como su fuente preferida de salud.