Investigadores estudian cómo desarrollar fármacos que reproduzcan algunos beneficios del ejercicio para personas con fragilidad, discapacidad o enfermedades crónicas. La meta no es reemplazar la actividad física, sino identificar mecanismos biológicos que puedan convertirse en tratamientos.
Más del 90 % de los fármacos fracasa en ensayos humanos
El ejercicio activa numerosas vías del organismo. Identificar las hormonas, enzimas y otras moléculas relacionadas con la actividad física es apenas el primer paso: los científicos también deben convertir ese conocimiento en medicamentos seguros y eficaces.
Más del 90 % de los tratamientos que llegan a ensayos en humanos fracasan, según un análisis sobre el desarrollo de medicamentos. También hay obstáculos regulatorios: Thomas Burris, farmacólogo de la Universidad de Florida, señala que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos aprueba fármacos para tratar enfermedades, no para mejorar el bienestar.
Los resultados iniciales provienen de estudios distintos
Burris y sus colegas trabajan en un compuesto que aumenta la actividad de un receptor presente en las células musculares. En ratones tratados, el equipo observó que corrían durante más tiempo y recorrían mayores distancias que los animales que no recibieron el fármaco. Burris describió a los animales como «ratones maratonianos sin tener que hacer ningún tipo de ejercicio».




