Según una revisión publicada en 2021, el calor aumenta la sudoración y desvía sangre a la piel, reduciendo el aporte sanguíneo a músculos y corazón. A partir de la exposición repetida, un estudio cuantifica en 2024 muestra reducciones de 0,19 °C en la temperatura central y 6 latidos por minuto en la frecuencia cardíaca.
El choque térmico
Cuando se ejercita, el 20‑25 % de la energía generada se convierte en movimiento, el resto se libera como calor. En un entorno caluroso, el cuerpo desvía sangre a la piel para disipar el calor, lo que reduce el aporte sanguíneo a los músculos y al corazón, provocando un aumento de la frecuencia cardíaca y un agotamiento prematuro.
La aclimatización
El cuerpo responde a la exposición progresiva al calor activando mecanismos de aclimatización. El estudio de 2024 indica que, tras 8‑14 días de entrenamiento en calor, la temperatura central en reposo se reduce en 0,19 °C y la frecuencia cardíaca en 6 latidos por minuto. Las adaptaciones cardíacas se observan a partir del quinto día, y a largo plazo se incrementa la hemoglobina, mejorando el suministro de oxígeno a los músculos.
Ventajas fisiológicas y recomendaciones
Aunque el calor puede provocar golpes de calor, la exposición controlada y progresiva permite aprovechar sus beneficios. Se recomienda iniciar con sesiones cortas y de baja intensidad, incrementando la duración durante dos semanas. La hidratación debe ajustarse al ejercicio, evitando una deshidratación superior al 2 % del peso corporal, que anula las ventajas de la aclimatación y aumenta la temperatura interna.
- Revisión sobre estrés térmico en la fisiología del ejercicio
- Estudio cuantifica aclimatación al calor en deportistas
