Durante gran parte del siglo XX, la práctica médica estuvo dominada por una premisa que hoy se considera un error fatal: la regla de «100 más la edad». Bajo este criterio, si un paciente de 70 años presentaba una presión sistólica de 170 mmHg, se consideraba un valor normal y aceptable. Esta creencia, que asumía como natural que el corazón debiera esforzarse más ante arterias envejecidas, fue desmentida tras años de consecuencias devastadoras para la salud pública, según detalla ScienceBlog.

El caso de Franklin D. Roosevelt

La gravedad de esta ceguera médica quedó expuesta en el historial clínico de Franklin D. Roosevelt. En 1932, el mandatario registraba una presión de 140/100, cifras que escalaron hasta los 188/105 entre 1935 y 1941. El cardiólogo Franz H. Messerli explicó en la revista New England que, en aquella época, la comunidad médica trataba la hipertensión como un fenómeno fisiológico inevitable. En abril de 1945, Roosevelt falleció a causa de una hemorragia cerebral masiva, momento en el cual su presión arterial alcanzaba los 300/190.

La transición hacia la evidencia científica

A pesar de que voces como la del doctor John Hay ya cuestionaban esta práctica en 1931, cuando propuso puntos de corte más estrictos, la medicina tardó décadas en rectificar. El cambio de paradigma llegó con el Estudio Framingham, que comenzó en 1957 bajo la dirección de Thomas Dawber, al demostrar la correlación directa entre la hipertensión y el riesgo coronario.