La medicina y la cirugía estética han ganado terreno en la cotidianidad, pero su popularidad a menudo eclipsa la necesidad de evaluar los riesgos inherentes a estos procedimientos. La cirujana plástica, estética y reconstructiva Carmen Ruiz Garzón sostiene que es imperativo desmitificar creencias arraigadas que ponen en riesgo la salud de los pacientes al priorizar la estética sobre la seguridad clínica.
La falsa seguridad de los procedimientos no quirúrgicos
Uno de los errores más comunes es considerar que los tratamientos estéticos carecen de riesgos por no ser cirugías. La realidad es que el uso de sustancias inyectables o dispositivos de energía puede derivar en complicaciones graves, como reacciones alérgicas, quemaduras o problemas vasculares severos. La especialista recalca que una inyección mal ejecutada en zonas críticas, como el contorno de los ojos o la nariz, puede tener consecuencias irreversibles.
Realidades sobre la liposucción y el turismo estético
La experta enfatiza que la liposucción no es una herramienta para tratar la obesidad ni enfermedades metabólicas como la diabetes o la hipertensión, ya que su función se limita a la eliminación de grasa subcutánea localizada. Asimismo, advierte sobre los peligros del llamado turismo estético, donde la búsqueda de precios bajos en otros países puede derivar en complicaciones graves, incluyendo problemas de tromboembolismo por vuelos prolongados tras la intervención y la falta de un seguimiento médico adecuado.
Criterios de elección y hábitos de salud
Ruiz Garzón desaconseja enfáticamente basar la elección de un centro médico únicamente en fotografías de redes sociales o precios reducidos, elementos que a menudo ocultan deficiencias en la cualificación profesional o en la calidad de los materiales. Además, recuerda que el consumo de nicotina, ya sea mediante tabaco convencional, cigarrillos electrónicos o cachimbas, es un factor de riesgo crítico que compromete la cicatrización y aumenta la probabilidad de infecciones postoperatorias.




