Cuando hablamos de salud, lo primero que pensamos son hospitales y tratamientos, pero la calidad del aire, la temperatura y el ruido también influyen directamente en el bienestar de las personas, según especialistas del Hospital Clínic Barcelona.
En los últimos años, las olas de calor se han convertido en un fenómeno cada vez más frecuente e intenso, alterando la capacidad de autorregulación térmica del organismo y provocando deshidratación, agotamiento y, en casos graves, golpes de calor.
Efectos térmicos y cardiovasculares
El calor extremo ejerce presión sobre el sistema cardiovascular, incrementando el riesgo de infartos y otros eventos, y la pérdida de líquidos por sudoración puede sobrecargar el corazón. La vasodilatación provocada por altas temperaturas ralentiza la circulación, agravando la carga sobre el sistema cardiovascular.
Impacto respiratorio, vectorial y nutricional
El cambio climático también afecta la calidad del aire, la proliferación de contaminantes y la prolongación de la temporada de alérgenos, como el polen, lo que aumenta enfermedades respiratorias como el asma y la EPOC. Además, la alteración de temperaturas y humedad favorece la expansión de mosquitos y otros vectores, facilitando la transmisión de enfermedades. La seguridad alimentaria se ve comprometida por sequías y lluvias extremas, reduciendo la disponibilidad y calidad nutricional de los alimentos.
Desigualdad y respuesta sanitaria
El cambio climático no afecta a todos por igual; amplifica las desigualdades preexistentes y golpea con mayor intensidad a los grupos más vulnerables. La prevención, la adaptación de los sistemas sanitarios y el fortalecimiento de las políticas ambientales son claves para mitigar un fenómeno que ya no pertenece al futuro, sino al presente.
