La piel no se acostumbra al sol y el bronceado no la vuelve más resistente. Expertos recuerdan que la radiación ultravioleta sigue dañando células y ADN.
La idea de que el llamado “callo solar” protege la piel es un mito, según dermatólogos que recuerdan que la exposición al sol no vuelve al cuerpo inmune al daño de la radiación ultravioleta.
La piel reacciona, pero no se protege del daño
El doctor Antonio González, dermatólogo especialista, explicó que el “callo solar” no es un término médico y que muchas personas lo interpretan como una adaptación de la piel al sol, cuando en realidad se trata de un mecanismo de defensa frente a una agresión.
Según detalló, la piel intenta protegerse produciendo más melanina y aumentando ligeramente el grosor de la capa superficial, pero ese proceso no evita que la radiación siga dañando las células. También recordó que el color adquirido tras la exposición solar es consecuencia de un daño biológico y que la radiación ultravioleta provoca alteraciones en el ADN de las células cutáneas.
El especialista añadió que la exposición solar puede tener efectos positivos si se hace de forma controlada, porque la luz solar participa en la síntesis de vitamina D, influye en la regulación del ritmo circadiano y puede favorecer el bienestar físico y emocional. Sin embargo, insistió en que esos beneficios no requieren largas jornadas bajo el sol ni permanecer expuesto en las horas de mayor intensidad.
El daño se acumula y aumenta el riesgo de cáncer de piel
González advirtió que el exceso de sol acelera el envejecimiento de la piel, favorece la aparición de manchas, arrugas prematuras y pérdida de elasticidad, y también puede producir alteraciones de la pigmentación y lesiones precancerosas como las queratosis actínicas.
Además, señaló que incrementa el riesgo de desarrollar carcinoma basocelular, carcinoma epidermoide y melanoma, el más agresivo por su capacidad de producir metástasis. Gran parte de estas lesiones aparece tras décadas de exposición acumulada y muchas veces se relaciona con hábitos adquiridos desde la infancia o la juventud.
Cómo proteger la piel de forma adecuada
Para reducir riesgos, el dermatólogo recomendó usar fotoprotectores de amplio espectro con SPF 50 o superior cuando la exposición vaya a ser prolongada, aplicarlos entre 20 y 30 minutos antes de salir y reaplicarlos cada dos horas, sobre todo después del baño o de una sudoración intensa.
También aconsejó evitar el sol en las horas centrales del día, usar sombreros de ala ancha, gafas homologadas y ropa con protección ultravioleta, además de desterrar la idea de que el bronceado equivale a protección.
El especialista agregó que la fotoprotección oral puede ser un complemento útil dentro de una estrategia integral de prevención, y llamó a vigilar lesiones nuevas o cambios en lunares ya existentes. Una mancha que cambia de tamaño, color o forma, una costra que no cicatriza o una lesión que sangra repetidamente deben ser valoradas por un dermatólogo.
La detección precoz, insistió, sigue siendo una de las herramientas más eficaces para mejorar el pronóstico del cáncer de piel.