El cambio climático se ha consolidado como una emergencia sanitaria de alcance mundial. Según un reciente informe de Lancet Countdown, entre 2016 y 2023 se registraron cerca de tres millones de muertes por causas relacionadas con el calor, de las cuales 369.940 fallecimientos anuales —equivalentes al 68,4 % del total— son atribuibles directamente al calentamiento global.

Impacto en enfermedades y descanso
La alteración de las temperaturas globales también favorece la expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos. El dengue mantiene una trayectoria de crecimiento acelerado, mientras que la malaria ha registrado un incremento del 8,5 % en su incidencia durante la última década, factores influenciados por las variaciones en las lluvias, la urbanización y el acceso a servicios médicos.

Adicionalmente, el descanso nocturno se ha visto comprometido. Un análisis de Climate Central estima que, entre 2020 y 2025, las personas perdieron en promedio 56 horas de sueño anuales debido al aumento de las temperaturas nocturnas, siendo más de seis de esas horas una consecuencia directa del cambio climático. Los investigadores advierten que esta privación de sueño eleva el riesgo de padecer diabetes, enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo y afecciones de salud mental.
América Latina, incluyendo la región amazónica, se encuentra entre las zonas con mayores riesgos ante la intensificación de sequías extremas y olas de calor, afectando desproporcionadamente a las poblaciones más vulnerables.





