Poco después de que Suzanne O’Sullivan terminara su formación en la Escuela de Medicina de Dublín (Irlanda), conoció a una paciente que respondía al nombre de Yvonne y cuya misteriosa enfermedad no se parecía a nada de lo que había estudiado.
Yvonne cuenta que estaba organizando las cámaras frigoríficas del supermercado donde trabajaba cuando un colega le roció accidentalmente en la cara un spray de limpiador de ventanas. Trató de lavar sus ojos, dejó el trabajo y se fue temprano a dormir, esperando encontrarse mejor al día siguiente, pero cuando despertó, su vista había emperado, todo estaba tan borroso que apenas podía leer la hora en su reloj, 24 horas más tarde, no podía distinguir entre el día y la noche.
“Realmente estas personas están enfermas. Mucho más que la mayoría de quienes padecen una enfermedad física”, destacó Suzanne O’Sullivan, especialista.
Seis meses de exámenes médicos después, los doctores todavía no lograban encontrar qué fallaba en los ojos de Yvonne. La admitieron temporalmente en la unidad de neurología donde O’Sullivan trabajaba.