Cáscara de manzana

La piel de la manzana contiene antioxidantes que reducen la inflamación y el riesgo de enfermedades crónicas. La fibra dietética presente ayuda a controlar el apetito y a mejorar la salud intestinal.

Cáscara de banana

Una cáscara de banana aporta cerca del 40 % del valor diario recomendado de potasio, además de magnesio, calcio, hierro y zinc. También contiene triptófano, que puede favorecer la regulación del estado de ánimo, y serotonina y magnesio que ayudan a mejorar el sueño.

Cáscara de limón

La piel de limón es más rica en antioxidantes que la pulpa o el jugo, y se considera más potente que las de otros cítricos. Además, ayuda a frenar el crecimiento de bacterias bucales y se asocia con menor riesgo de ciertos tipos de cáncer.

Cáscara de naranja

La cáscara de naranja aporta cerca de 73 g de agua, contribuyendo a la hidratación diaria. Su contenido de prebióticos favorece el crecimiento de bacterias beneficiosas, y la pectina ralentiza la digestión, manteniendo evacuaciones regulares.