El cáncer de mama, detectado a tiempo mediante consultas y estudios médicos, puede generar un impacto emocional profundo en la paciente al recibir el resultado. La psicóloga Nancy Marchán explica que esta noticia no solo implica información sobre la enfermedad, sino que desencadena preguntas sobre el tratamiento, la familia y el futuro.

Reacciones emocionales: del shock a la adaptación

Marchán señala que es completamente normal experimentar sensibilidad, llanto, miedo o preocupación tras el diagnóstico. Incluso pueden aparecer dificultades para dormir, cambios en el apetito o menor disposición para realizar actividades cotidianas. Estas reacciones, advierte, son parte del proceso de asimilación de un cambio vital y no indican necesariamente la presencia de un trastorno psicológico.

La especialista subraya la importancia de permitir un espacio para procesar la situación. «Cada persona lo vive de forma diferente, y hay que observar cómo evoluciona el malestar. Esperamos que, poco a poco, encuentre cierta estabilidad durante el tratamiento. Si el malestar persiste, aumenta o interfiere con su vida diaria, es recomendable buscar apoyo psicológico», indica.

Estrategias para afrontar el diagnóstico

Marchán recomienda comprender que es normal no sentirse igual y evitar autoexigirse como antes. «Habrá momentos con más recursos para afrontar la situación y otros en los que reaparecerán el miedo o la preocupación», explica. Entre las claves para mantener estabilidad, destaca: contar con información clara del médico, aclarar dudas, apoyarse en el círculo cercano y mantener, en la medida de lo posible, las rutinas.

«Es importante centrarse en lo que se debe afrontar hoy. La incertidumbre puede llevar a anticipar escenarios que aún no han ocurrido, lo que aumenta la ansiedad», añade. Si el paciente siente que la situación lo sobrepasa emocionalmente, la experta sugiere considerar la ayuda psicológica.

El rol del médico y el acompañamiento psicológico

La forma en que se comunica el diagnóstico es crucial, según Marchán. «Debe ser claro, con sensibilidad y utilizando un lenguaje comprensible. El médico debe dar espacio para procesar la información y permitir que la paciente exprese sus dudas y emociones», señala. Además, es fundamental verificar qué ha entendido la persona sobre su caso, ya que el alto impacto emocional puede dificultar la asimilación de mucha información a la vez.

El acompañamiento psicológico, aunque no es obligatorio para todas las pacientes, puede ser una herramienta valiosa. Marchán aclara que no todas las personas diagnosticadas necesitan psicoterapia o desarrollarán un trastorno psicológico. Sin embargo, el apoyo profesional ayuda a manejar las emociones, desarrollar recursos para afrontar la incertidumbre y facilitar la comunicación con la familia. «El psicólogo puede acompañar los cambios o dificultades que surjan durante el tratamiento», concluye.

La experta enfatiza que lo ideal es trabajar desde la prevención, fortaleciendo los recursos de afrontamiento para que, en los momentos más difíciles, la paciente cuente con herramientas emocionales que le permitan transitar el proceso.