En verano la piel pide ligereza, agua y protección. El secreto para cuidarla no está en renunciar a la rutina, sino en cambiar fórmulas, texturas y gestos: hidratantes frescas, antioxidantes, SPF y capas mínimas para mantener la piel cómoda, luminosa y con buena cara incluso cuando el termómetro no para de subir.

Cambiar la crema densa por texturas más ligeras

El primer gesto es cambiar las cremas densas por texturas más ligeras. Marta Masi lo resume muy bien: en verano no hay que hidratar menos, sino adaptar la textura. «Durante el verano, el aumento de las temperaturas y de la humedad hace que la piel produzca más sudor y, en muchos casos, también más sebo. Por eso, las cremas muy densas que funcionan perfectamente en invierno pueden resultar pesadas, generar sensación de incomodidad o favorecer la aparición de brillos y pequeñas imperfecciones).

Las fórmulas en gel, gel-crema o emulsión ligera ayudan a mantener el agua en la piel sin dejar esa sensación de película pesada que puede resultar incómoda cuando hace calor. Además, si la piel está más sudorosa o brillante, una textura demasiado rica puede hacer que el maquillaje se desplace antes. Ligereza, aquí, no significa poca eficacia; significa comodidad y constancia, justo lo que necesitamos a diario.

Cambiar la crema invernal por gel o gel-crema: la clave para una piel fresca en verano

Elegir ingredientes que hidraten sin aportar peso

A la hora de elegir ingredientes, conviene pensar en activos que funcionen como un vaso de agua para la piel, pero sin efecto mantequilla. «La hidratación no depende únicamente de la cantidad de agua que bebemos. También es necesario mantener una barrera cutánea fuerte que evite la pérdida de agua transepidérmica», explica el farmacéutico Vicente Calduch, CEO de Calduch Especialidades.

El ácido hialurónico, la glicerina, la betaína y el pantenol ayudan a retener hidratación y a mantener la barrera cutánea en mejores condiciones. Para calmar y proteger, entran en escena la niacinamida, el aloe vera, el agua termal y la vitamina C, especialmente interesante por su acción antioxidante.

«La vitamina C es uno de los activos más recomendados para mantener en la rutina los doce meses del año. Lejos de ser incompatible con el sol, actúa como un escudo antioxidante que protege la piel del estrés oxidativo causado por los rayos UV. Retirarla en verano es, en muchos casos, el motivo por el que la piel llega a septiembre apagada y con manchas más marcadas.» afirma Malgorzata Kucz, experta de producto en Nacomi Group.

Cambiar la crema invernal por gel o gel-crema: la clave para una piel fresca en verano

También tiene sentido cuidar la piel desde dentro con ingredientes como ácido hialurónico, colágeno marino u omega-3, que apoyan elasticidad, hidratación y función barrera natural y flexible.

Reparar por la noche para sobrevivir al verano

Por la noche llega la parte menos visible pero más importante: reparar. Después de sol, sudor, aire acondicionado, cloro o contaminación, la piel necesita una limpieza suave que retire protector solar y maquillaje sin dejarla tirante. Después conviene apostar por fórmulas calmantes, hidratantes y reparadoras, con ceramidas, lípidos, pantenol o activos que refuercen la barrera cutánea.

Si la piel tolera bien los retinoides, pueden mantenerse si los usamos correctamente, siempre de noche y acompañados de hidratación. «El miedo al retinol en verano viene de una confusión. No es fotosensibilizante, es fotosensible, lo que significa que se desactiva con la luz del sol y, por eso, lo usamos de noche, pero no hace que la piel sea más sensible a la radiación solar», explica Estefanía Nieto, directora dermocosmética de Medik8.

«Una rutina de verano eficaz no necesita diez pasos; necesita los activos correctos en las concentraciones adecuadas para las problemáticas concretas de tu piel, apostilla David Fernández Polo, Responsable Científico y de Educación de Paula’s Choice España. Menos pasos y mejores texturas, por favor.