En España, el 48% de la población adulta no tiene un sueño de calidad y el 54% duerme menos de las horas recomendadas, de acuerdo con la Sociedad Española…
En España, el 48% de la población adulta no tiene un sueño de calidad y el 54% duerme menos de las horas recomendadas, de acuerdo con la Sociedad Española de Neurología. Cuando el mal descanso deja de ser algo puntual y pasa a ser habitual, puede afectar la vida diaria y también la salud.
Qué es la apnea del sueño
La apnea del sueño es una afección potencialmente grave en la que la respiración se interrumpe y vuelve a comenzar varias veces mientras se duerme. Muchas personas la detectan por los ronquidos fuertes, aunque no es el único signo.
Entre los síntomas más frecuentes también aparecen los jadeos durante el sueño, despertarse con la boca seca, dolores de cabeza al levantarse, insomnio o dificultad para mantenerse dormido. Además, puede provocar somnolencia durante el día, problemas de concentración e irritabilidad.
Posibles complicaciones
Si no se trata, la apnea del sueño puede ir más allá del cansancio provocado por una noche de mal descanso. También puede asociarse con aumento de la presión arterial, problemas cardiacos, mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, síndrome metabólico y trastornos hepáticos.
Por eso, ante la sospecha de esta enfermedad, lo más adecuado es acudir a profesionales de la salud para una evaluación y tratamiento adecuados.
Alimentos que pueden apoyar el descanso
La alimentación no sustituye la atención médica, pero algunos cambios en la dieta pueden ayudar a disminuir factores asociados con la apnea del sueño. Uno de los objetivos es reducir la inflamación y la hinchazón en los tejidos de las vías respiratorias.
En ese grupo destacan los vegetales de hoja verde, como espinacas, col y acelga, que aportan antioxidantes y magnesio. Este mineral ayuda a relajar los músculos y puede favorecer una mejor calidad del sueño.
También se mencionan los ácidos grasos omega-3 presentes en pescados como el salmón, las sardinas y el atún. Además de contribuir a la salud cardiovascular, pueden ayudar a reducir los despertares nocturnos y a mejorar el descanso.
Los frutos rojos son otra opción por su aporte de antioxidantes, útiles frente al estrés oxidativo que puede favorecer la reducción de oxígeno durante los episodios de apnea. A su vez, las proteínas magras como el pollo, los huevos y el tofu contienen triptófano, un aminoácido relacionado con la formación de melatonina.
Los lácteos también se asocian con patrones de sueño más saludables, mientras que los frutos secos como nueces, almendras y pistachos aportan magnesio, melatonina, vitamina E y fibra. Esa combinación puede contribuir a la saciedad y al control del peso. Lo mismo ocurre con los granos o cereales integrales, como el arroz y la avena.
Además de la dieta, reducir el exceso de peso y evitar el alcohol y el tabaco puede ayudar a disminuir el riesgo de apnea del sueño.