En las empresas básicas de Guayana, el pago de utilidades pasó de ser un alivio para la planificación familiar a convertirse en una fuente de malestar. Desde 2018, el beneficio se entrega fraccionado y con un cálculo opaco que, según trabajadores, deja montos cada vez más bajos.
Un beneficio que ya no alcanza para cubrir gastos básicos
Históricamente, las utilidades permitían a los trabajadores cambiar de vehículo, comprar activos o vacacionar. Hoy, de acuerdo con los testimonios recogidos, cada fracción corresponde a menos de 50 dólares y ya no alcanza ni para hacer un buen mercado.
En un recorrido realizado por este medio, se constató que con 20 dólares, monto correspondiente a la primera fracción de las utilidades en 2025, un trabajador solo puede comprar un par de zapatos. La decisión termina siendo qué integrante de la familia estrena calzado en diciembre.
La molestia se agrava porque el salario base permanece congelado desde 2022 en 130 bolívares, menos de 0,25 centavos de dólar, y las bonificaciones no entran en el cálculo. Con ello, el monto final de utilidades equivale a menos de 100 dólares.
Jubilados y trabajadores exigen un pago único
Durante septiembre se registraron al menos cinco protestas en Guayana para pedir utilidades dignas por parte de la Corporación Venezolana de Guayana, una demanda que los trabajadores respaldan en sus contrataciones colectivas.
El dirigente sindical de CVG Carbonorca, Ramón Espino, afirmó que las utilidades establecidas en las convenciones colectivas son 120 días a salario integral y que ese esquema quedó pulverizado. También criticó que se mantenga a los trabajadores con entregas de alimentos en lugar de un pago acorde con sus necesidades.
Este miércoles, jubilados de la corporación protestaron durante 7 horas frente al holding para reclamar reivindicaciones salariales, entre ellas el pago de utilidades. Hugo Medina, presidente de la Federación de Asociaciones de Jubilados y Pensionados del estado Bolívar, propuso tomar como referencia el ingreso mínimo nacional, ubicado en 240 dólares.
Medina pidió sumar todos los bonos, dividir el resultado entre 30 días y multiplicarlo por 180 días, como establece el contrato colectivo, y rechazó que las utilidades se cancelen en cuatro partes. César Marcano, otro de los participantes, aseguró que no abandonarán las calles hasta recibir respuesta al pliego de peticiones entregado el 16 de septiembre.
Entre lágrimas, los entrevistados dijeron que no quieren pasar otro diciembre con la mesa vacía y la ropa remendada. También exigieron pago de utilidades dignas, entrega de juguetes para los hijos de los trabajadores y cancelación de todos los conceptos contractuales.
Hugo Bastardo, trabajador no requerido de la Siderúrgica del Orinoco, sostuvo que las utilidades ya no rinden para mantener a la familia y que un pago único sería la única forma de evitar otra Navidad en la pobreza.




