Claves
- —Siete días después de los terremotos del 24 de junio, La Guaira seguía con rescates, escombros y damnificados en la calle.
- —En la vía Maiquetía-Macuto había personas viviendo con carpas y estructuras improvisadas, a la espera de una solución gubernamental.
- —Ingenieros de Protección Civil inspeccionaban viviendas mientras en Caraballeda abundaban las marcas de “demoler”.
Una semana después de los terremotos del 24 de junio, La Guaira seguía atrapada entre la búsqueda de sobrevivientes, la atención a miles de damnificados y una recuperación que avanza con lentitud. En la franja entre Maiquetía y Macuto, el impacto del sismo continúa visible en calles, ruinas y viviendas marcadas para ser demolidas.
Carpas, escombros y búsqueda de sobrevivientes

En la vía de Maiquetía a Macuto, muchas personas permanecían en la calle, algunas bajo carpas y otras en estructuras improvisadas, mientras esperaban una respuesta oficial. El texto describe a miles de damnificados sobreviviendo a la intemperie, apoyados sobre todo en donaciones de particulares.
La presencia del Estado se concentraba en efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana, principalmente en puntos de control sobre la avenida Soublette. Aun así, la magnitud de la tragedia desbordaba la capacidad de respuesta, incluso con personal de rescate extranjero en la zona.
Ese trabajo seguía activo. Personal de El Salvador, Qatar, México, España, Países Bajos y Emiratos Árabes Unidos continuaba en los campamentos y en las áreas de búsqueda, apoyando a rescatistas y civiles en los sectores más golpeados.
Inspecciones en viviendas afectadas
En sectores de La Guaira comenzaron inspecciones de ingenieros de Protección Civil para evaluar daños en las casas afectadas.

Locales cerrados y casas con orden de demolición
Más allá de los edificios colapsados, la actividad económica también estaba paralizada. En Maiquetía, Catia La Mar, Macuto y Caraballeda, la mayoría de los comercios seguía cerrada, con excepciones puntuales de panaderías y algunos abastos que operaban con restricciones para evitar saqueos.
Harold Tovar relató que su local en Catia La Mar fue saqueado. Dijo que abrió las puertas para evitar daños mayores y que le llevaron toda la mercancía: harina de maíz, pasta y sardinas. “A empezar de nuevo”, contó.
En las viviendas, las inspecciones de Protección Civil dejaron pintas con palabras como “recuperable”, “habitable” y “demoler”. En Caraballeda, esta última era la más repetida en las fachadas. Frente a una casa marcada para demolición, una familia recogía sus pertenencias mientras se preguntaba qué hacer después del desastre.

Voces de Caribe reclaman más apoyo
En el sector Caribe, uno de los más afectados, Alexis Martínez acudía desde temprano a remover escombros. Dijo tener familiares desaparecidos en la OPP de Tanaguarenas y explicó que su casa en Barrio Aeropuerto sufrió daños, mientras sus hijos estaban repartidos con otros parientes y amigos.
Martínez insistió en que la ayuda que ha llegado y el trabajo de los voluntarios no bastan. Pidió linternas, guantes, picos y palas para acelerar la remoción de escombros.
Otra residente, Endrina Pérez, visitó este miércoles lo que quedaba de su edificio en Caribe. Celebró que las labores de rescate no se hayan detenido, pero criticó que comenzaran un día después del terremoto. También pidió que no se suspendan búsquedas en lugares donde aún podrían existir personas con vida.
“¡Silencio, por favor!”, gritaban los rescatistas cuando detectaban un ruido entre los escombros. Era la señal para que todos se detuvieran y esperaran una confirmación. En medio de esa rutina de urgencia, La Guaira seguía ajustándose a una realidad marcada por la pérdida, la espera y la incertidumbre.
