Política y Economía

“Nuestra élite política no es autocrítica, no reconoce los errores”

Ángel Lombardi, historiador y exrector de LUZ y la Unica.  “Este Gobierno no ha funcionado y como aparentemente no quieren cambiar de política hay que pensar en cambiar de Gobierno. Si decidiera empezar una apertura democrática, dialogara c

Ángel Lombardi, historiador y exrector de LUZ y la Unica.  “Este Gobierno no ha funcionado y como aparentemente no quieren cambiar de política hay que pensar en cambiar de Gobierno. Si decidiera empezar una apertura democrática, dialogara con el país no hay problema que el chavismo siga siendo una opción política, no hegemónica, eso sí; que no se aferre al poder”.

Preclaro, sin ambages y lejos de las trampas ideológicas, el historiador Ángel Lombardi, exrector de LUZ y la Unica, cree que “nuestras élites, en este caso la política, no son autocríticas, no reconocen los errores, ellos mismos no son capaces de reformarse y se siguen manejando los partidos y los grupos de poder como si aquí no estuviera pasando nada”.

Consultado por PANORAMA para su especial del 106 aniversario, Voces por un país distinto, Lombardi evalúa la crisis venezolana desde una visual retrospectiva y prospectiva.  “En Venezuela no se está dando la circulación de élites, desde el siglo pasado, desde la llamada democracia bipartidista, los líderes históricos suicidaron a sus partidos. Acción Democrática lo único que aprendió a hacer fue a dividirse, aparte de sus méritos o desméritos, del caudillismo de Betancourt, de Carlos Andrés Pérez.  En Copei, el que fundó el partido lo liquida (Caldera), Jóvito Villalba y URD desparecieron en la perversa frase de Jóvito: Yo y mi partido, mi partido y yo, ese yo nos ha hecho mucho daño”.

Vea la entrevista con Ángel Lombardi:

Cuando le toca mirar hacia adelante advierte: “Este Gobierno no ha funcionado y como aparentemente no quieren cambiar de política hay que pensar en cambiar de Gobierno. Si el Gobierno decidiera empezar una apertura democrática, dialogara con el país no hay problema que el chavismo siga siendo una opción política, no hegemónica, eso sí; que no se aferre al poder”.

— Usted ha dimensionado esta crisis como la peor desde las guerras de la Independencia, ¿el hecho de que esto se prolongue por mucho más tiempo, cómo nos complicará su resolución?

— (…) Nosotros somos una sociedad enferma y te lo voy a tratar de explicar en pocas palabras. En primer lugar, una sociedad no se suicida, continúa, ahora el tiempo  de la crisis depende de muchísimos factores por eso se habla de crisis coyunturales, crisis estructurales, crisis históricas, económicas, políticas, cuando son segmentadas más o menos tienen características, si es económica, eso está estudiado cada cinco, ocho o diez años normalmente hay fluctuaciones en los ciclos económicos y hay lo que llaman crisis de corto, mediano y largo plazo que en la economía se habla de ciclos económicos de 50 años o de un producto dominante.

Nosotros en el siglo XVII lo definió el tabaco, el de Barinas; el siglo XIX y principios del XX el café y después el petróleo.

Cuando hablamos de crisis en el orden social y cultural es otra cosa y son relativamente bastante frecuentes, ahora la intensidad es como los terremotos, puede haber temblores y tsunamis, el problema nuestro es que estamos viviendo un  tsunami. Una destrucción de todo un modelo económico, social y político construido durante el siglo XX (…).

El modelo rentista se agotó, no el petróleo, a partir de la década de los ochenta. La devaluación de la moneda, esta monstruosa devaluación que tenemos, la hiperinflación que se manifestó de manera visible con la primera devaluación del siglo XX de 1983, el viernes negro, ahí empezó a manifestarse una crisis económica que venía en germen, lamentablemente nuestra clase política, nuestra clase empresarial, la clase académica, nuestros sectores dirigentes no entendieron  la necesidad urgente de una reforma, a pesar de que había gente muy lúcida, como Pérez Alfonso, que venían exigiendo un cambio en el modelo, lo que llamamos el modelo noruego fue pensado en Venezuela por Pérez Alfonzo y se creó el fondo macroeconómico, pero como siempre una cosa es la ley y otra la realidad.

Como no le paramos vino la revuelta social, el Caracazo del ’89, vinieron los golpistas a tratar de colarse en el poder no por la vía democrática, sino golpista en el ’92, mantuvimos la reelección de Carlos Andrés Pérez, la de Caldera y después con un sistema envejecido, unas estructuras que ya no respondían a las exigencias  de la sociedad  que había que cambiar terminamos en elegir al menos preparado y adecuado, no en términos personales, sino de simbología para sacarnos de la crisis que era un militar, preparado para ser militar de pensamiento único, vertical, rígido aparte de las características personales del señor Chávez, el mesías venezolano al que llamamos para que nos salve y al final nos termina hundiendo más.

Esta es una crisis histórica de larga duración que lleva realmente casi medio siglo  y es impredecible hasta dónde vamos a llegar porque el nivel de destrucción es total.

Ahora, puede empezarse a resolver mañana o esta noche si hay un acto imprevisible en el que cambia  el gobierno, cambian las políticas y entonces empezaría un proceso que comienza a revertirlo todo, pero ese caminar no va a ser fácil y no será de corto plazo, hay que empezar a ver el mediano y largo plazo, hay que entender que las cosas no son mágicas y que hay que construirlo, yo aspiro a que tengamos la capacidad como sociedad para construir esas respuestas, pero eso está en incertidumbre, hasta ahora parece que seguimos cometiendo los mismos errores en vez de empezar  a corregirlos.

Esto es porque nuestras élites, en este caso la política, no son autocríticas, no reconocen los errores, ellos mismos no son capaces de reformarse y se siguen manejando los partidos y los grupos de poder como si aquí no estuviera pasando nada.

— El desafío de reinstitucionalizar el país, ¿qué factores debe tomar en cuenta?

— (…) El poder no puede estar concentrado en un caudillo, en una presidencia, en el Ejecutivo (…)   nosotros todo lo queremos resolver por un acto mágico, llevamos 30 constituciones, el Congreso y la Asamblea siempre sabemos que ha sido cautiva de quien maneja el Ejecutivo, el Poder Judicial igualmente, al no haber poderes autónomos  evidentemente la concentración de poder es completamente inconveniente, igual que la reelección.

— ¿Hay en la dirigencia política venezolana la estatura necesaria para asumir el desafío histórico?

— No se puede enjuiciar de manera general a un grupo. Hay gente mejor, peor, más preparada, menos preparada, hay una variedad inmensa. Evidentemente tenemos políticos preparados.

Ortega y Gasset, filósofo español, utilizaba la palabra a la altura de los tiempos. Una clase política tiene que estar a la altura de los tiempos, qué significa eso, tiene que leer la realidad real, no la ideológica subjetiva, no la realidad que a mí me interesa, me conviene, no como yo la veo, ni como la pienso, tiene que desarrollar una objetividad que le permita identificar hacia dónde  va el mundo, hoy no se puede hablar solo de un país, tiene que identificar que estamos en el siglo XXI. Conectarse con el ser social que es todo, conectarse con los sectores económicos, empresarial, agropecuario, con los servicios, tiene que haber una comunicación.

Si nosotros nos atenemos a las encuestas, el total de adherentes a los partidos políticos en Venezuela, incluido el Psuv no llega al 20%, el 50% o 60% de la población no se siente representada, en Venezuela hay una crisis de representación, de legitimidad tanto del Gobierno como de la oposición porque hay una gran confusión en la que se mimetizan todos, fíjate que hay alguien que hoy es de un partido, mañana es de un grupo, donde está lo doctrinario, la coherencia, las filosofías políticas, simplemente el oportunismo, la viveza, la respuesta inmediatista, hay una crisis de élites, ese es el concepto que utilizaba un sociólogo italiano, llamado Wilfredo Paretto, él decía cada tanto tiempo, como expresión del cambio social, tiene que haber circulación de élites, aquí élites las entendemos no como privilegiados, sino como esas minorías que tiene el poder con razón o sin razón, con mérito o sin mérito.

En Venezuela no se está dando la circulación de élites, desde el siglo pasado, desde la llamada democracia bipartidista, los líderes históricos suicidaron a sus partidos. Acción Democrática lo único que aprendió a hacer fue a dividirse, aparte de sus méritos o desméritos, del caudillismo de Betancourt, de Carlos Andrés Pérez.

En Copei, el que fundó el partido lo liquida (Caldera), Jóvito Villalba y URD desparecieron en la perversa frase de Jóvito: Yo y mi partido, mi partido y yo, ese yo nos ha hecho mucho daño.

Hay que entender que aquí tenemos una crisis de élites, el mismo sectores empresarial que habla de mercado, de libre mercado, liberalismo, pero en la práctica ellos surgieron y siguen viviendo de la protección del Estado o de la relación con el Gobierno de turno.

En Venezuela no es un secreto que para ser próspero hay que tener el amparo del político o del partido que gobierna o asociarte con alguno de ellos, hoy es escandaloso, pero ayer también ocurría, hasta que no seamos autocríticos y veamos esta realidad evidentemente viviremos en extravío, el pueblo confundido en su necesidad y sobrevivencia y unos grupitos de poder que se lo disputan de espalda al país.

— Aliviar el sufrimiento de la gente, ¿cuán revulsivo puede resultar?

— Ese es un problema objetivo: no hay agua, no hay luz, desapareció el salario, no hay seguridad social, sistema de salud colapsado, sistema  escolar precario, vías intransitables, incomunicado el país, no producimos casi nada, estamos arruinados, esta es una realidad objetiva (…) Frente a eso el primer paso evidentemente, es de sentido común, en términos de urgencia, de coyuntura, es que la clase política y la misma sociedad tiene que entender  que lo primero es cambiar  de Gobierno y de política que este Gobierno no ha funcionado, un Gobierno tiene que funcionar hoy en día el arte de gobernar se reduce a una gerencia, a una administración prácticamente.

Este Gobierno no ha funcionado y como aparentemente no quieren cambiar de política hay que pensar en cambiar de Gobierno. Si el Gobierno decidiera empezar una apertura democrática, dialogara con el país no hay problema que el chavismo siga siendo una opción política, no hegemónica, eso sí; que no se aferre al poder.

Ahora, en la medida que ellos se empeñan en el modelo castrista comunista cubano, en la medida que se empeñan en la represión,  en el pensamiento único, partido único, hegemonizar el poder en un modelo económico fracasado, evidentemente, están resultando inconvenientes para resolver la crisis humanitaria venezolana, hay que cambiarlos. En lo personal yo digo que ojalá lo logremos por la vía democrática, porque es la civilizada.

Ahora el cambiar de política no quiere decir pasar de una estatización absurda y empobrecedora a una liberalización  del mercado, una economía no se maneja de esa manera (…).

La primera opción en vez de estar discutiendo tanto de ideología, pasado, etcétera, es que nos pongamos de acuerdo y a partir de ahí hay que tener claro, todo el mundo,  una visión de corto, mediano y largo plazo.

Qué significa corto plazo, bueno la crisis humanitaria urgente, hay que atender el problema básico de sobrevivencia, de la salud, del hambre, la desnutrición, eso es lo primero.

En segundo lugar, empezar a reinstitucionalizar al país sobre una sociedad plural, dialogante con participación y protagonismo de todos.

Después vendrá el largo plazo, recuperar la industria petrolera va a exigir un mediano y largo plazo, lo mismo las industrias básicas de Guayana y montar una economía menos dependiente del Estado también implica un cambio de mentalidad.

Si estamos claros en esas cosas, como sociedad podemos ser optimistas de que la crisis la vamos a manejar y la vamos a superar.

— ¿En un contexto como el venezolano, cuál es el rol de la Universidad?

— (…) La Universidad  es importante, pero hoy está tan comprometida en sus dificultades propias internas, enmarcada en la crisis general, el salario ha afectado a todos los profesores, hoy en día tenemos universidades vacías, pero no solamente por la pandemia, ya antes el nivel de deserción y el ausentismo era muy grande por razones estrictamente económicas, no tener para el pasaje, no tener para la comida, ese sistema está colapsado, de tal manera que protagonismo político como institución universitaria no lo tenemos, ni lo vamos a tener en el corto plazo.

Ahora, influencia sí, porque la mayoría de los poderes de una sociedad son graduados, egresados universitarios, entonces hay una influencia reducida, pero se mantiene y una participación en las decisiones políticas muy menguada por la crisis estructural que vive el país y las propias universidades.

— Sobre el caso Venezuela, ¿la Administración Biden deberá barajar y dar de nuevo? 

— No. Estados Unidos es un país de institucionalidad funcional de dos siglos (…) La política exterior norteamericana, toda la vida, siempre ha sido consenso bipartidista en el Congreso, donde se definen las políticas estratégicas de seguridad nacional,  de relaciones con el mundo, multilateral, ya el Congreso acordó hacer un reconocimiento a la oposición democrática venezolana, vía Guaidó, cuando es invitado a oír directamente en el Senado el discurso a la nación de Trump, donde fue aplaudido por la totalidad de los presentes, además de manera pública ellos han declarado que Venezuela es un país de interés nacional para EE UU.

Hay un consenso bipartidista de acompañar, no a Guaidó, a la democratización de Venezuela (…) yo siempre he descartado la vía absurda  de la invasión, nosotros no somos Grenada, no somos el Canal de Panamá, no, son otras épocas, además, EE UU no necesita en este momento invadir porque hay muchísimos mecanismos de presión para ayudar a las transiciones democráticas (…).

A mi juicio cuál es la nueva realidad, cuando se produzca de verdad una transición democrática, evidentemente que la decisión es venezolana, tenemos que entender que es nuestra responsabilidad, sin mesías, ni mesianismo, pero sin lugar a dudas en esa transición Washington, Pekín, Moscú, La Habana, Brasilia, Bogotá, y otras capitales van a tener influencia y tenemos que entender que no sería raro que en ese proceso democrático y futuro tengamos la presencia permanente de China, Rusia, EE UU y otros países y eso no nos debe sorprender porque es lo normal en una economía globalizada.

Los chinos y los norteamericanos son los principales interlocutores comerciales, hoy en día en conflictos de intereses, pero ellos dos son economías interconectadas fuertemente.    

— ¿Por qué es necesario un acuerdo político en el país?

—Absolutamente necesario. Yo definí la ciencia de Gobierno como administración, gerencia, pero la política es fundamentalmente negociación, la política funciona  cuando se reconocen las diferencias y se buscan equilibrios, a veces ganan unos, otras veces otros; en la política no puedes ver el adversario político como enemigo, eso es la guerra.

La política es negociación, ahora qué significa negociación, entregarle al Gobierno el alma, vender la negociación, presentarse débil, ir ingenuo y pensar que el otro lado no te va a tratar de “fregar”, no, las negociaciones sobre pares son entre personas que se reconocen, que se respetan  si eso ocurre pueden llegar a acuerdos.

Por eso en la teoría de la negociación no se empieza a discutir sobre las diferencias, primero se busca en qué estamos de acuerdo y a medida que el acuerdo se desarrolla se llega a las pequeñas diferencias, cuando estas están resueltas se trata de llegar a un acuerdo en las grandes diferencias, así se negoció la paz de Vietnam.

En Venezuela hay que reconocer que el chavismo es un hecho político, cuando Pérez Jiménez cayó se hicieron elecciones y él sacó la primera votación del país como senador por Caracas, es decir, el “perezjimenismo” todavía existía después de su caída, el chavismo existe, ahora,  cuando deje el Gobierno le puede pasar lo que le ocurrió a AD y Copei, una vez que no son gobierno se disminuye su influencia y si no entienden, si son torpes, hasta pueden desaparecer y se convierten en otra cosa o se dividen.

Hay que negociar con los militares, porque puede haber un militar corrupto, pero no puedo juzgar a toda la institución como corrupta, aunque esté contaminada, por un sacerdote que esté contaminado no puedo juzgar a la Iglesia.

Hay que negociar de buena fe con reconocimiento del adversario sobre un sentido de pluralidad y sobre un acuerdo básico, el interés del venezolano y el modelo sobre el cual hay que montar la negociación es una transición hacia la democracia porque no vamos a negociar para otra dictadura (…).

     

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