Política y Economía

Puja entre Rusia y Arabia Saudita por el petróleo tiene varias caras

Dos gigantes de la producción petrolera, dos pesos pesados de los hidrocarburos en el mundo, mantienen un pulso de fuerzas por el mercado energético, golpeado tanto por elementos políticos como por elementos propios del negocio. 

Arabia Saudita y Rusia han intensificado recientemente esa puja sobre el siempre geoestratégico y ahora cambiante tablero petrolero global. Ambos quieren verle doblar las rodillas al fracking o fracturación hidráulica, una costosa técnica con la que EE UU ha aumentado sustantivamente su producción de petróleo y gas. 

El incremento de la producción de crudo le ha permitido a los norteamericanos acortar la dependencia con otros países exportadores. Y es esa producción propia la que ha contribuido a la sobreoferta de crudo que ha inundado el mercado en más de dos millones de barriles al día y, por ende, al desplome de los precios de este “commodity”. 

Algunos expertos creen que la lucha contra el fracking es en realidad una medida dirigida contra Rusia por apoyar a Irán y al presidente sirio Bashar Assad. “Hay un elemento político” en la caída de los precios del petróleo, tendencia que ha generado profundos problemas económicos en Rusia”, ha dicho el mandatario Vladimir Putin.

El crudo tocó piso en 13 años en enero, hasta que la semana pasada rusos y saudíes se vieron forzados a asomar la posibilidad de acordar un recorte de la producción para estabilizar el mercado. El solo anuncio del eventual acercamiento provocó una subida de los precios. Aunque el viernes, el viceprimer ministro ruso, Arkady Dvorkovich, le echó tierra a las expectativas al asegurar que “el Estado no intervendría para equilibrar el mercado”.  Ayer, el petróleo abrió otra vez a la baja. 

Pero independientemente de lo que suceda en este terreno, el camino para al menos llegar a este potencial acuerdo ha sido cuesta arriba. Para muchos expertos debió haberse concretado antes porque son varios los presupuestos estatales que se han erosionado en detrimento de sus economías, así como los presupuestos de muchas empresas del área que han tenido que despedir a miles de trabajadores y en detrimento también de los precios de otros “commodities”.  Un “upper” al comercio mundial. 

Arabia Saudita exige que todos cooperen para gestionar mercado petrolero.  

La monarquía pareciera no obstante ceder algo en sus intenciones de bombear crudo a su máxima capacidad como parte de su estrategia de proteger, por encima de los precios, su amenazado mercado; lineamiento que viene aplicando la Opep desde finales de 2014. Y comenzamos nombrando a los sauditas porque han sido los más firmes e iniciadores de esta posición. Pero los rusos no se han quedado atrás, pues el ministro de Energía del gigante europeo, Alexander Novak, en 2015 llegó a afirmar que descartaba limitar la extracción porque “si reducimos, los países importadores aumentarán su producción y esto significará la pérdida de nuestro nicho de mercado”.

Allí están, además, Irán e Irak a la caza de introducir en el mercado su producción en alza.  

Con 12,5 millones de barriles producidos cada 24 horas, Arabia Saudita es el máximo productor de crudo del mundo. Tal alcance le permite al reino mover los hilos en la Opep. Rusia, que no pertenece a la organización, produce unos 10,6 millones de barriles al día y tiene las reservas de gas natural más grandes del planeta. 

Pero el bombeo de crudo sin frenos de Arabia Saudita ha tenido también otro blanco: La propia Rusia, pues la tarea de sacar del mercado a productores con métodos costosos ha buscado paralelamente que los rusos (e iraníes) reduzcan su producción. 

Cálculos van, cálculos vienen. 

Por supuesto que, dado los bajos precios petroleros, el margen de acción del país árabe es mayor, no solo por sus reservas monetarias, sino por su tecnología que le permite a un costo muy bajo producir petróleo, de aproximadamente 10 dólares por barril, de acuerdo con la consultora Rystad Energy.

Mientras tanto, una de las mayores pujas entre Arabia Saudita y Rusia se centra en China (y Asia en general, donde los rusos han ganado espacios), el segundo mayor consumidor de petróleo del planeta, la economía que más crece (pese a su desaceleración), la mayor fábrica del mundo. Un gigante rojo de 1.300 millones de habitantes. El investigador asociado del Instituto de oriente medio de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai, Niu Song, le dijo a la agencia Sputnik que el petróleo saudí es una herramienta de lucha entre Moscú y Washington por el mercado de hidrocarburos chino. “Entre Rusia y Arabia Saudí no cesan las guerras petroleras, especialmente en el mercado chino, y en esta lucha el país árabe goza del apoyo de EE UU; la estrategia petrolera saudí se ha convertido en un elemento de la guerra fría petrolera ruso-estadounidense”.

Pero el ingeniero petrolero y fundador-director del portal Petróleo América, Luis Eduardo Gómez, prefiere no usar la palabra guerra, porque para él no se trata de eso. Arabia Saudita “no está peleando con los rusos, ni con Estados Unidos, ni con ningún otro miembro de la Opep, solo está garantizando su futuro en el mercado”. 

Aunque reconoce que los elementos políticos pesan más hoy que los elementos del negocio, Gómez dijo a este rotativo que para los saudíes ambos elementos caminan entrelazados. “La política económica saudí está orientada a mantener sus ganancias”. 

Y mientras los rusos ganan espacios en Asia, que buscan diversificar las fuentes de suministros, que sean también más seguras que el convulso Medio Oriente, el reino ha aumentado su colocación petrolera en Europa, donde Rusia se ha debilitado tras el conflicto en Ucrania y donde ha sido tradicionalmente muy fuerte.  La naturaleza del mercado de crudo hace sus ajustes. La nueva geopolítica del petróleo.  

En el viejo continente, Arabia Saudita ha implementado además amplios descuentos con el propósito de debilitar más a los rusos.  La puja por las cuotas de mercado se despliega entonces cual estrategia de ajedrez. ¿O de “guerra” petrolera?

Así, saudíes y rusos se encuentran enfrentados en el mercado energético. Los precios no lo son todo…

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