Un país con tradición electoral ya comienza a calentar motores para los comicios presidenciales de 2018, en medio de la más severa crisis económica de su historia. Y si bien hoy los ojos de los venezolanos estarán enfocados en los resultados que pueda arrojar la convocatoria a las municipales, y en el caso del Zulia, de la escogencia del nuevo gobernador, la expectativa sobre los próximos comicios ya está sembrada en la calle.
De eso se habla, se discute y se escuchan “los pronósticos” de lo que podría ocurrir si las elecciones fueran esta misma semana.
El Gobierno nacional picó adelante y estableció que el presidente Nicolás Maduro, “Dios mediante, pueblo mediante”, será candidato a la reelección, según anunció, el pasado 29 de noviembre, el vicepresidente Tareck El Aissami, durante un mitin del Psuv.
Pero como suele ser natural en la política, las aspiraciones son libres y más de una candidatura suena tanto en el bando oficialista como en el opositor. Según El Aissami, “un segundo período de Maduro redondeará las victorias del chavismo en 2017”: la Asamblea Nacional Constituyente que rige con poderes absolutos desde agosto pasado y las regionales del 15 de octubre, cuando se alzó con 18 de las 23 gobernaciones en pugna.
No obstante, como ocurrió con la campaña electoral de las municipales de este domingo, cuando salieron a relucir numerosos candidatos chavistas para el municipio Libertador (por ejemplo), similar escenario se perfila para ocupar la ansiada silla de Miraflores.
Más allá del discurso de la “disciplina” y “lealtad a Chávez”, y el anuncio prematuro de la candidatura de Maduro cuando aún no culmina el 2017, en el terreno de las simpatías del chavismo radical el nombre de Diosdado Cabello ha sonado con fuerza desde el mismo día de la muerte del comandante. Tanto fue y ha sido el ‘rumor’ de rivalidades de liderazgos, que ambos hombres cercanos a Chávez debieron demostrar públicamente, con chistes y abrazos de por medio, que entre ellos no hay atisbos de fractura que amenacen la vigencia del proyecto socialista del barinés.
“¿Quién va a ganar? La Revolución Bolivariana junto al pueblo”, ha expresado Cabello en mítines y en su cuenta en Twitter, mensaje que para algunos analistas políticos es de amplios significados considerando que quien lo dice tiene una innegable ascendencia sobre la militancia chavista más radical, y la expresión podría dejar abierta la puerta a una eventual candidatura si los acontecimientos del 2018 así lo requieren.
Otros nombres del “chavismo opositor” o “disidente” se dejan colar en días recientes cuando se habla de un adelanto de elecciones para marzo pero también —Jorge Rodríguez dixit_ de que no las habrá hasta que no se levanten las sanciones-.
Entre esos aspirantes no se descartan el del exembajador ante la ONU, Rafael Ramírez, zar de la industria petrolera en tiempos de Chávez (separado de sus funciones por sus opiniones sobre el manejo de la economía por parte de Maduro); y el exministro del Interior, Miguel Rodríguez Torres, crítico constante del Ejecutivo nacional.
El presidente de la encuestadora Delphos, Félix Seijas, señalaba el pasado 19 de noviembre que “al Gobierno le conviene (que las presidenciales sean) lo más pronto posible porque la crisis económica se va a afianzar”, al tiempo que advertía que “mucho tiene que ver también con lo que ocurra en los comicios de este 10 de diciembre, al igual que de la fecha en que la oposición fije las primarias y de lo que pueda pasar con las negociaciones del diálogo”.
Desde el 15 de octubre, con la victoria del oficialismo en las regionales y la fractura estrepitosa de la MUD, los vientos electorales no han hecho sino favorecer las aspiraciones del Gobierno de consolidarse en el poder, más cuando cuentan con la “ayudaíta” de partidos como AD, Voluntad Popular, Primero Justicia, Causa R, y Alianza Bravo Pueblo (ABP), que decidieron no participar en las elecciones de hoy y de ñapa, llamar a la abstención al electorado.
La “pista de baile” está prácticamente dispuesta para que se luzca el Psuv y sus alidados, y así lo mostró la más reciente encuesta de Venebarómetro, del 5 de diciembre, que reveló que aunque 68,5% de los venezolanos califica de mala la gestión del Mandatario nacional y un 65% cree que debe salir de Miraflores, si los comicios presidenciales fueran hoy resultaría ganador.
¿Por qué? La razón es que la popularidad de la oposición es muy baja. Así, Maduro ganaría con 28,6% de la preferencia, en tanto que el eventuales aspirantes como Leopoldo López ostenta solo un 18%; Henrique Capriles un 15,4%, Henry Ramos Allup un 6,6% y Henri Falcón un 6,3%.
Según la encuestadora, que refleja los bajos índices de popularidad tanto de Maduro como de los líderes opositores, “el mayor rival del Presidente no tiene cara y no está representado por ningún partido político: el 25,1% de los encuestados no respondieron por quién votaría en la elección presidencial”.
Dato no menor si se considera que en las últimas semanas el nombre del empresario Lorenzo Mendoza comenzó a tomar fuerza, hasta ahora, por la expectativa tejida a su alrededor para que “se anime” a lanzarse a la arena política.
Por lo pronto, hasta el exgobernador de Lara, Henri Falcón, ha saludado esta posibilidad: “Le doy la bienvenida a Lorenzo Mendoza a esta dura lucha política, que culminará en 2018, cuando los venezolanos con el voto por fin saquemos de Miraflores a esta pesadilla que gobierna el país.
Nuestras coincidencias con Lorenzo Mendoza de promover el bien común en lo social y en lo productivo estarán en el debate, sin complejos ni egoísmos”.
El escenario electoral de 2018 se asoma con premura y deja ver que Maduro, a pesar de su gestión de cuatro años con un saldo de protestas casi diarias, sanciones internacionales, hiperinflación y desacuerdos al interior de su gabinete, tiene más clara ventaja que la atomizada oposición, y contra todo pronóstico, podría coronoarse de nuevo este domingo con la mayor cantidad de trofeos locales, abonando así la próxima batalla en las urnas electorales.
“Es una locura no participar”, declaró el analista político Dimitris Pantoulas, a Reuters, al evaluar las consecuencias de la ausencia opositora en la elección de este 10-D.
Pues bien, los resultados se conocerán en breve, y es muy probable que le den la razón.